De cal a cal, se perdió la arena

MARIEN A. CAPITÁN
Hace menos de una semana que regresé al país. Durante mi ausencia, apacible y maravillosa, me alejé de todos los problemas que nos aquejan. Olvidé, de repente, lo que significa que se vaya la luz, que no haya agua, que la basura te ahogue con su fétido rastro y, sobre todo, olvidé a esta sociedad llena de fantasmas, hipocresías, abusos y absurdos.

Realmente respiré. Sin agobios, sin pensar en la economía y riéndome del dólar (andaba con euros, que valen más), me reencontré con la paz. Entonces pude ver que nuestro país, lamentablemente, se ha convertido en un sótano asfixiante.

Vivir aquí no era así. Hasta hace un tiempo, las calles eran sinónimo de libertad, de alegría y de bienestar. No todo era perfecto, obviamente, pero no se percibía un futuro tan incierto.

No recuerdo haber sentido tanta inseguridad y tanto miedo como los que he sentido en el último año. La delincuencia nos arropa y, con ella, corremos el riesgo de que nuestra economía se descalabre aún más puesto que parte de nuestras divisas dependen del flujo del turismo.

En cuanto la gente comience a correr la voz de que en la República Dominicana se ha desatado una ola de violencia que mantiene en zozobra a la población, los extranjeros voltearán la mirada y se olvidarán de nuestro amado terruño.

Urge que el gobierno haga algo para aplacar a las bandas que se adueñan de los barrios, de los pueblos y hasta de las esquinas. No es justo que una parte del país tenga que vivir bajo la sombra del terror.

Tampoco, cambiando drásticamente el tema, escuchar que se habla de que aprobarán un aumento salarial de 25% a los empleados privados que ganan hasta 20 mil pesos y un 30% a los que devengan el salario mínimo: lo recomendable sería que le aumenten a todo el mundo (aunque el porcentaje se disminuya de acuerdo a lo alto de los ingresos).

Ahora resulta que el que gana 19 mil pesos tiene derecho a ganar más de 20 mil. El que devenga 20 mil, no. Pero, ¿alguien se ha puesto a pensar que ya 20 mil pesos no son lo que eran antes? Con 20 mil pesos no se paga un alquiler, comida, luz, gasolina, teléfono, agua, basura, mantenimiento… todas esas cosas que hasta hace unos meses sí se cubrían.

Quienes ganan de 20 mil pesos en adelante suelen ser clase media. Pero está claro que, como bien decía mi amiga Ángela Peña en su columna de ayer, a nadie le importa que la clase media caiga en picada y sufra lo indecible para sobrevivir.

Todos estamos padeciendo por el dólar, el ITEBIS, el precio del crudo del petróleo, las malas decisiones del presidente Hipólito Mejía, el abuso de los especuladores y los comerciantes. Todos, por tanto, deberíamos ser indexados.

Me parece inconcebible que sólo una parte de la población tenga derecho a recuperar algo de lo que fue su estilo de vida: no se puede castigar, con más angustias y abandonándolo a su suerte, a quien no ha hecho absolutamente nada.

Duele pensar que la clase media, la que de verdad paga los impuestos en este país, es la única que no tenga derecho a recibir un poco de tranquilidad. En este país, definitivamente, cada vez es más difícil vivir.
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