De cal y de arena

El Gobierno y el Fondo Monetario Internacional (FMI) han insistido en que es inevitable una reforma fiscal, o rectificación de la última reforma, como se dice en medios oficiales.

Es decir que el Gobierno no puede evadir la grave responsabilidad de una reforma, si es que quiere mantener en buena marcha la economía y poder cubrir determinados déficit.

De otro lado, el Gobierno es el que fija los márgenes de rentabilidad en ciertas operaciones comerciales relacionadas con bienes y servicios considerados sensibles o estratégicos. El caso de los combustibles y la electricidad ilustra bien este concepto.

Luego, tenemos que el Gobierno es capaz de asumir su responsabilidad en cuanto a la marcha de la macroeconomía y al control de la especulación sobre productos sensibles o estratégicos.

II

Pero detrás de este cumplimiento de responsabilidades hay a la vez una grave evasión, un escurrir el bulto que contribuye a ensanchar brechas, pues se elude asumir la responsabilidad de controlar la especulación con los precios que se desencadena cada vez que se habla de reforma fiscal.

No puede ser que el Gobierno tenga poderes para controlar la rentabilidad de la comercialización de electricidad y combustibles y que carezca o alegue carecer de los mismos para controlar la especulación.

El argumento predilecto para tratar de justificar esta evasión es que la globalización de la economía ha suprimido los controles de precios, perro ocurre que esas mismas causas deberían influir en el caso de la energía y los carburantes.

Los productos de la alimentación básica y los medicamentos deberían ser considerados tan sensibles como la electricidad y los combustibles, pero en el caso de los dos primeros no es ni siquiera el juego de la oferta y la demanda lo que determina los precios.

III

El Estado debería tomarse el trabajo de establecer controles de rentabilidad sobre los productos básicos para la alimentación y la salud. Asumir esta responsabilidad no riñe con la supresión de los controles de precios, pues es bien sabido que aquí la comercialización de ciertos productos garantiza márgenes de ganancia abusivos, sin que en ello tenga que ver el juego de la oferta y la demanda.

Aquí el Estado jamás se ha preocupado por realizar estudios de costos de bienes y servicios para tener una idea clara de los márgenes de ganancia.

Es más, aún en el caso de un producto estratégico como la electricidad predominan costos ocultos o fantasmas que encarecen este bien sin que el Gobierno corrija la situación.

Aquí el solo hecho de hablar de reforma fiscal ha desencadenado en las últimas semanas alzas injustificables en los precios de artículos de primera necesidad y ninguna autoridad lo ha impedido.

Una buena forma de combatir la brecha es asumir con el mismo rigor la responsabilidad de preservar la macroeconomía y evitar al mismo tiempo la especulación abusiva y rampante.

En esto tiene que haber unas de cal y otras de arena.