De energía diversificada y horizontes nuevos

JACINTO GIMBERNARD PELLERANO
Aunque dijesen la verdad, completa, como nunca la dicen, no confía uno en las afirmaciones políticas norteamericanas. Que el comunismo es un concepto fracasado, eso lo hemos visto, aunque admiremos la tozudez de Fidel Castro al continuar enfrentando a la mayor y solitaria potencia del mundo, sin ayuda, sin convenios económicos-políticos, sin lo que fue la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, sin importarle que cayó el Muro de Berlín pero no cae el bloqueo de los norteamericanos, que agreden a Cuba pero no a una China comunista que se levanta desde nuevas aplicaciones de sabidurías milenarias.

También anhelamos que el presidente venezolano Hugo Chávez esté dotado de las suficientes luces para manejar hábilmente un ideal bolivariano, y carente de las extensas experiencias de los norteamericanos en sus manejos externos, sea capaz de convencer a Latinoamérica de su fuerza y posibilidades como región unida en una autoprotección.

Lo que nos alegra a los ciudadanos del mundo es que el presidente George W. Bush, perdidos sus esfuerzos por conseguir petróleo a como dé lugar para mantener fuertes las reservas originarias de la nación, apoye vigorosamente fuentes de energía alternativa. Ahora se le hace caso al hidrógeno.

La agencia EFE informa desde Washington que Bush acaba de declarar que “El hidrógeno es el futuro. Somos demasiado dependientes de fuentes extranjeras de energía”, declaró mientras promovía el uso de este gas desde una estación de servicio establecida para suplir este combustible a un grupo de vehículos experimentales, entre los cuales se encontraba el suyo.

¿Habría dicho lo mismo si la cruenta aventura de Irak hubiese sido exitosa?

Por supuesto que no.

Dejándome llevar por un entusiasmo antipetrolero, pienso que, aunque a un precio muy alto para el sentido humanitario, si las masacres de Irak, las barbaridades cometidas en la zona y los fracasos imperiales nos libran del petróleo, podemos estar frente a la limpieza del planeta tierra, horriblemente amenazada por emisiones venenosas para todo lo que constituye la Creación: Humanidad, Fauna y Flora.

Se sabe, hace tiempo, que el petróleo pudo haber sido sustituido. Que el motor de combustión interna a partir del oro negro, es una antigüalla. Pero ahí andan los intereses financieros que no tienen alma, que se esconden en negociaciones repulsivas.

Tal vez las nuevas posibilidades con el hidrógeno y otros procedimientos traiga consigo otra limpieza: la de las ingerencias políticas, tan conectadas con la economía.

Nos alegramos de que el presidente Fernández se haya interesado en la producción de etanol a partir de la caña de azúcar, para mezclar este alcohol con gasolina como se está haciendo, con éxito, en Brasil y Francia.

Algo es algo. Disminuirá el enorme gasto nacional en combustible tradicional, a lo cual se añaden ventajas diversas e importantes.

Con esto del TLC, tenemos que estar claros en que son necesarias nuevas líneas de producción nacional. Una gran transformación comercial demanda una gran transformación en lo que produce el país, y hay que tener la vista puesta en lo mucho que hay que cambiar. De otro modo vendremos a ser más dependientes que nunca.

Anhelo que cada país, cada zona, cada pueblo, puede vender dignamente lo que produce, lo que tiene naturalmente o no, lo que es tradicional de la zona o lo que ha innovado inteligentemente, de forma que sea posible competir con el mercado externo.

Sin un formidable cambio en el nivel económico de nuestras mayorías latinoamericanas, está región, vasta y básicamente rica, continuará mostrando la enloquecida diferencia entre multitudes inmensas, dramáticamente misteriosas ante la apatía de gobiernos, partidos políticos afincados en la demagogia y el engaño, estructuradas oficiales corrompidas e insensiblemente de negocio, ahita de fortunas descomunales, no hijas del trabajo y la creatividad buena, sino de su habilidad para robar.

El Tratado de Libre Comercio, inteligentemente manejado por nuestros países, puede -repito, puede- ser un factor de transformaciones positivas.

Pero requiere de sanas y honradas políticas estatales, de amplias facilidades crediticias internas que tracen nuevas líneas. Nuevos horizontes.