De gasoil y de subsidios focales

Si el subsidio al  gasoil tiene el propósito de evitar que los transportistas traspasen a los usuarios y a los costos las alzas petroleras, entonces el Gobierno debería ampliar su rango de visión en esta materia.

Hasta ahora, el subsidio de este derivado del petróleo está focalizado hacia empresarios del  transporte de pasajeros y carga que tienen en común ampararse en el eufemismo de falso sindicalismo. Ahora este beneficio es también reclamado, con justa razón, por empresas grandes del transporte de pasajeros, que se sienten discriminadas por el Gobierno.

 Mañana podría ocurrir que se sumen a este reclamo sectores que utilizan gasoil para mover las plantas generadoras de sus empresas, debido a las bien conocidas deficiencias del servicio de suministro eléctrico. Las motivaciones  del subsidio son, sin duda, plausibles y lo que parece desentonar es una focalización que discrimina entre grupos empresariales, unos que lo son abierta y claramente, y otros que se cobijan bajo la sombrilla del sindicalismo, pero movidos todos por la búsqueda de ganancias económicas. Hay que reconocer que este subsidio nació en una coyuntura definida por alzas constantes del petróleo y sus derivados que desbordaban la capacidad de absorción de costos de los transportistas. El  principio de equidad obliga a ponerlo en un contexto menos excluyente y discriminatorio.

 

Un seguro que aún es inseguro

El Seguro Familiar de Salud (SFS) continúa dando tumbos en perjuicio de miles de  afiliados al régimen contributivo del Sistema Nacional de Seguridad Social. No ha habido manera de que se brinde a los pacientes el abanico de servicios y procedimientos acordados entre autoridades y prestadores de servicios de salud ni se garantiza la entrega de la totalidad de medicamentos convenida. Muchas especialidades han sido unilateralmente excluidas y los usuarios deben pagar altas sumas.

Hay farmacias que se niegan a reconocer la validez de las tarjetas de seguro, y por  tanto se niegan a suministrar medicamentos. La persistencia en la denegación de servicios que habían sido “consensuados” por los actores de la Seguridad Social es un escollo que hay que remover a toda prisa. Mientras se mantenga este estado de cosas, el SFS continuará  siendo un seguro inseguro para una  parte de los afiliados que más requieren de sus servicios.