De Julia de Burgos a Consuelo Burgos: DE LOS FRAGMENTOS A LAS CARTAS

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Julia de Burgos murióel 6 dejulio de 1953, a los 39 años. Se desplomó en la esquina de la Calle 106 con la 5ta Avenida de la ciudad de New York. Al no portar ninguna tarjeta de identidad que indicara que ella era ella no se pudo contactar a nadie que reclamara su cadáver. Luego de permanecer varias semanas en una morgue fue enterrada en una fosa para desamparados de donde fue reclamada por algunos amigos. En septiembre de este mismo año fue traída a Puerto Rico y velada en el Ateneo Puertorriqueño. NilitaVientós, su rival por el amor de Juan Isidro Jimenes Grullón y presidenta del ateneo en aquel momento– tuvo que encargarse de organizar el velorio.

Julia salió de Puerto Rico rebosada de la llama de amor vivo y regresó 13 años después muerta. En sus cartas testimonia varias veces a su hermana Consuelo que no quería volver a vivir en su isla. Tras su deceso se teje una gama de versiones sobre su vida que han sido ampliamente difundidas. No es hasta 1966 que la crítica mexicana Ivette Jiménez de Báez publica el libro “Julia de Burgos: vida y poesía” que se dan a conocer segmentos de las cartas que la poeta le enviara a su confidente y hermana Consuelo.

Por ser Jiménez de Báez la primera persona que para fines estudio tuvo acceso a estas cartas, le correspondió a ella construir el primer perfil biográfico público amplio de Julia. Desde entonces su trabajo se convirtió en la fuente principal para quienes optaban por ocuparse de los aspectos biográficos de la poeta. Perol a biografía fragmentada que divulgó Jiménez de Báez, documentada sobre la base de esas cartas fue demasiado limitado; derivada de un cierto feminismo aficionado encaminado a construir la imagen casi exclusiva de una Julia fundamentalmente sufrida y víctima. Al ver ahora las cartas queda evidenciado que Jimenez de Báez excluyó y omitió a otras muchas Julias, que sin negar lo anterior, también fue mucho más paradójica y compleja de lo que habíamos imaginado.

Publicadas bajo el título de “Cartas a Consuelo”, editorial Folium, Eugenio Ballou editor, estas cartas de Julia a su hermana, posibilitan, no obstante, seguirle el rastro al mapa de un vida marcada por una pulsión de lejanía continua. Facilitan, además, asomarnos al interior de una existencia donde vibran, se dicen y desdicen múltiples inquietudes existenciales, intelectuales, familiares, históricas, políticas, amorosas y poéticas, entre otros impulsos. Nos ubican también en el centro de un ente femenino, –no necesariamente feminista–, que si bien por un lado objeta el orden de sociedad en la que nace y vive, también necesita ser acogida por las representaciones y roles que ese mismo orden patriarcal asigna a mujer. Ese deseo, por ejemplo, de casarse legalmente con el exiliado Juan Isidro y ser reconocida como su esposa puede poner en dificultades algunos anticonvencionalismos que históricamente se le han atribuido.

¿Pero cuál es la cartografía de estas misivas y qué dicen? El volumen se compone de 136 cartas de Julia y 3 de Juan Isidro destinadas todas a Consuelo. Se trata de un epistolario unidireccional. Las cartas marcan la ruta que siguió la poeta a partir de 1940 hasta los días previo a su muerte en 1953. Exceptuando una carta de agosto de 1939 que envía desde el pueblo de San Germán, –y donde celebra su compañía con Juan Isidro–, todas las demás están escritas desde el extranjero: New York, Washington, Cuba y una desde el estado de Baltimore.

El primer bloque de cartas escritas en New York cubre desde enero de 1940 hasta julio de 1940, cuando se va a Cuba. Deslumbramiento de la poeta que a veces parecen crónicas del viajero al que se le revela un mundo nuevo es una de las marcas más patentes en este primer momento neoyorquino. Penurias materiales, dudas, inestabilidad laboral, contacto con la comunidad puertorriqueña, temores, solidaridad de pareja, entre otros registros, son los tópicos predominantes en estos seis primeros meses en NY. Su mirada, sin embargo, en torno a la comunidad negra, como señala Lena Burgos en el prólogo, puede resultar algo incómoda e inquietante para los lectores de hoy día. Julia llega a caracterizar a los negros de Harlem como salvajes y brujos.

Una segunda unidad, quizás la más lineal y continua, cubre desde el 27 de junio de 1940, ya en Cuba, hasta el 8 de junio de junio de 1942, previo a su separación de Juan Isidro y regreso a New York. Una tercera sección va desde el 22 de junio de 1942 hasta el 28 de agosto de 1944, cuando luego de casarse con Armando Marín se va a Washington. El último grupo, con muchas discontinuidades, se redondea desde el 12 de junio de 1945 hasta el 28 de junio de 1953, previo a su muerte . Este último bloque es el de más discontinuidades y saltos. Es uno de los periodos de donde menos información se tiene sobre su vida.

En el segundo interregno Julia envía cartas a Consuelo desde los diversos lugares por donde se desplaza en Cuba junto a Juan Isidro: La Habana, Trinidad, Caibarién, Santa Clara, Santiago de Cuba, El Cano y Holguín. En todos estos envíos informa de su relación con Juan Isidro –con sus altas y bajas–, sobre su obra, planes de estudio y sobre la domesticidad que vive junto a su compañero. Hay muchos momentos celebratorios y de angustias. Hay también nostalgia y desazón por el curso de su familia en PR, de cuyo futuro se sentía en parte responsable. Predomina una conciencia de lo que es y quiere proyectar como poeta. Se puede decir que por las cartas de esta etapa discurre una Julia heterogénea.

Es categórico que estas cartas son una aportación que llenan muchas grietas vacías hasta ahora, pero por sus registros también abren otras para los estudiosos. Ello no solo porque se trata de epistolario unilateral sino también porque en sus misivas a Consuelo la poeta hace referencias a otras personas con las que también se carteaba. Ojaláy tras esta publicación se saquen a la luz pública esas otras cartas. Sería interesante saber, por ejemplo, qué compartía con otras y otros mientras le escribía a su hermana. Hay referencias de cartas enviadas a figuras prominentes de las letras como Vicente Géigel Polanco, Francisco Manrique Cabrera y Carmen Alicia Cadilla, entre otras personas a las que menciona.

No creo que para entrar a la obra de un escritor o escritora sea imperativo conocer todos sus elementos biográficos. Eso es imposible, pero si se toman en cuenta –como ha sido con Julia–,entonces sería más conveniente tener acceso a la mayor cantidad posible de sus documentos personales. En fin, que estas cartas de Julia ofrecen un escenario privado mucho más abierto que el que se conocía. No obstante, sospecho que todavía hace falta mucha correspondencia de la que la poeta le envió a otros destinarios para tener una mirada más extensa de lo que fue su vida durante los 13 años que vivió fuera de Puerto Rico.