De la ley a la promesa: realidades sin cumplir

Una semana. Eso hubiese querido antes de que mis esperanzas se desvanecieran cual castillos de arena. Pero era mucho tiempo, al parecer, para que sus palabras se las llevara ese viento antojadizo que ya ni sé como se llama.

Cinco días después de anunciar austeridad, el presidente Leonel Fernández rompió su promesa. Todo por culpa de la miseria, esa amiga cruel de muchos dominicanos.

Esta vez lo entiendo. Porque, ¿puede alguien mantenerse impasible al ver las paupérrimas condiciones en las que vive un grupo de aplicados estudiantes que se sobreponen a la pobreza y alcanzan los más altos promedios del sistema educativo? “Me voy a contradecir: hace tan sólo unos días pronuncié un discurso ante el país diciendo que no se iniciarían nuevas obras sino que solamente se ejecutarían las que estén  avanzadas en un 75%, pero yo no puedo permanecer indiferente y ver que algunos de  ustedes viven en condiciones infrahumanas”, dijo antes de ofrecerles una nueva vivienda.

Oyéndole, surge la duda: ¿qué pasará si continúa encontrándose con cientos de buenas, y no tan buenas, acciones? Lo mismo que con la ley de austeridad del 28 de diciembre del 2006: no se cumplirá. Con ello, le da la razón a Miguel Ceara Hatton, quien el martes pasado dijo que el peor problema del gobierno es de credibilidad y fe pública. También nos recuerda una frase de Isidoro Santana: el Presidente no es muy sobrio a la hora de manejar los recursos públicos. Es así como los postulados oficiales parecen ser una inocentada más de un gobierno que no sabe controlar un gasto público que, al final, podría ser el monstruo de siete cabezas que nos destruya.