De la llama verde al gran incendio

Alguien insinuó, con mas mala fe que buen juicio, que los peledeístas  salgan  a la calle a defender su gobierno de los propósitos sediciosos que alienta el movimiento La Marcha Verde, al que la propaganda oficialista, y por supuesto también bocinas y velloneras, acusan de estar financiado por los generadores eléctricos que ven sus intereses amenazados con la contrucción de las plantas a carbón de Punta Catalina. Lo que se está proponiendo, por si no se han dado cuenta todavía, es que el PLD vuelva a sacar del closet a sus paleros para convertirlos en tropa de choque, como ya hicieron para enfrentar la “campaña difamatoria” contra el expresidente Leonel Fernández, pues los organismos represivos del Estado no tienen  motivos para actuar contra   un movimiento que se ha expresado respetando el orden público y las leyes, como manda la Constitución. Porque hay gente que quiere convencer a la opinion pública, por suerte sin ningún éxito, de que reclamar el fin de la corrupción y la impunidad en las calles atenta contra la estabilidad del gobierno, que debe resistir la tentación de escuchar las voces que le sugieren abandonar los cauces democráticos para comportarse  como una   dictadura con ropaje democrático, al estilo del agonizante chavismo y el disparatoso   Nicolás Maduro que conduce a Venezuela hacia el despeñadero. Sería el peor error que podrían cometer los inquilinos del  Palacio Nacional, demasiado atareados tratando de torear el escándalo de sobornos  y sobrevaluaciones que nos dejó Odebrecht, del cual no saben todavía como zafarse sin quedar embarrados, o ensayando fórmulas fallidas para disfrazar su incapacidad para enfrentar la delincuencia. Además de que sería como echarle gasolina a la llama verde que recorre de punta a punta el país exigiendo el fin de la impunidad para los corruptos, que por obra y gracia  de los intolerantes podría  convertirse  en el gran incendio que arrase con el peledeísmo y  todo lo que tienen que perder.