De la madeja del no sé qué al idioma

DONALD GUERRERO MARTÍNEZ
Llegado a los partidos políticos en mi artículo La madeja nacional del no se qué, me aparté rápidamente de allí. Hay hilos muy fuertes en los cuales no quiero quedar enredado. Mejor hablo de algunas curiosidades del idioma como un ejercicio de distensión. Acaba de vaticinarse que la lengua cambiará poco en el futuro. Fue planteado en Santander, España, donde lingüistas y expertos analizaron el presente y el futuro del español.

El presidente de la agencia noticiosa EFE afirma que “los hispanohablantes llevan dentro, desde hace siglos, un genio de la lengua que es conservacionista, ecologista y melancólico”, que crea conciencia idiomática y que sigue vivo.

Ya en cuanto a curiosidades idiomáticas pregunto qué hacen las sílabas culi en el vocablo culinario. Como se trata de un término relacionado con la cocina, debiera ser cocinario. Ahora bien, el culi no ofende. Por cierto, no se refiere la palabra culiblanco al color de ninguna parte del cuerpo. Culiblanco es el sacristán. No aparece el vocablo culipandia (d) o en el Diccionario del Español Actual, del académico Manuel Seco.

Se llama asta la columna, vara o palo donde se eleva, levanta o sube la bandera. Pero la acción de subirla o elevarla no es en-astar, sino en-h-estar. La letra e después de la hache eliminó la letra a de la columna, vara o palo citados. La hache en la palabra enhestar confirma que es ella no sólo muda, sino ociosa y entremetida también. Si se cumple el vaticinio, la intrusa puede sobrevivir. Otra curiosidad se tiene en la acción de bajar la bandera. No es des-h-enestarla sino arriarla.

No está registrado el término enj-aguar, sino enjuagar. En el primer caso está, claro como ella misma, el agua. Mas no en el segundo, que es el correcto.

Imagino que es gracias a la tecnología como factor de modernidad, que lo que ayer fue pellejo del pollo, ahora es piel. Compruébelo con la doña.

Un término que da a entender que algo es más grande, puede referirse a una cosa más pequeña. Ejemplo, un callejón es más angosto y pequeño que una calle. También wcajón -atención componedor: he escrito una jota, no una ge- es más pequeño que una caja, entre otras cosas para medición de productos agrícolas. La caja grande es cajota.

De dónde saldrá la papa del em-papa-do, que es algo muy mojado por cualquier líquido. Es de uso común asimismo, en el caso de algo muy mojado, la palabra en-tripa-do. Lo veo mejor así, porque las tripas están siempre mojadas. Entripar es “meter en tripa”. Es el caso de la longaniza, que se elabora metiéndole carne a las tripas. El diccionario define entripar, como empacho, indigestión, disgusto o beerrinche.

Porque se trata de “hacer con las uñas pequeñas heridas lineales en la piel”, debiera ser correcto decir ar-uña-r. Empero correcto es arañar, cual si tuviera relación con arañas. Arañar es también, entre otras cosas, “rasgar o raspar la piel con objeto punjante o áspero”.

Enervar es debilitar o quitar fuerza. En el uso común se interpreta lo contrario, algo como encabritarse, encojonarse. Es parecido el caso de friolera. Háblase de ella en el sentido de abundancia: la friolera de cien mil millones de pesos; la de veinte carreras en un juego. Pero friolera es “pequeñez o cosa sin importancia. El masculino friolero es “muy sensible al frío”. Es el friolento de aquí. Tanto como gélido, la palabra álgido se refiere en algunos casos a algo muy frío o helado.

Si usted ha llegado hasta aquí, recuerde que esto es un ejercicio de distensión.