De la moral (León David)

mora

El filósofo y poeta León David publica en su columna En directo (14 de mayo del Diario Libre) el artículo “De la moral”, el cual deseo comentar en razón de que lo endoso en todas sus partes. Asimismo, en gnosis de la amistad con el autor, me voy a permitir agregar comentarios a sus atinados juicios, respecto de cómo pensaría mi padre, el Dr. José Silié Gatón, sobre los temas morales que trata el distinguido intelectual en el artículo mencionado. Conocimos a León David en uno de mis viajes a la Argentina, en la oportunidad se desempeñaba como nuestro embajador en la hermosa ciudad de Buenos Aires. Cuando producíamos los miércoles, en el programa de radio de Norín García Hatton (EPD) por la 97.7, una sección cultural junto a la “exquisita música del mundo”, siempre con smooth jazz y bosa nova, tuvimos el honor de dilectar con frecuencia con el autor, frente a una copa de un tinto gran reserva, donde él leía sus poemas o comentábamos sobre su producción, acompañados de Borges, Raful, Mármol, Benedetti, Neruda y otros grandes.

El artículo de León David “De la moral”, hace una revisión de juicios sobre la conducta humana al que deseo agregarle comentarios extraídos de algunas de las obras que sobre la ética escribió el Dr. José Silié Gatón, pidiendo para ello la venia al amigo del que soy obligado lector. Como diría el primo, Dr. Enrique Silié Valdez, el psiquiatra de la familia: “no podemos vivir en la anomia, quienes la practican deben ser pacientes míos”, aceptando sociológicamente que nomia son el conjunto de leyes y normas para convivir. Habiendo hecho este preámbulo manos a la obra. Señala León David: “No hay ni habrá jamás ciencia capaz de determinar los valores humanos; y sería pecar de inaudita soberbia pretender que ésta tiene la facultad de hacernos distinguir entre el bien y el mal. El saber científico no es la respuesta a todo”. Sobre esto opinaría mi padre, respaldándolo: “ El desarrollo moral, en sentido total, sitúa con su motivación un propósito colectivo de perfeccionamiento en la conducta de las personas para de manera singular de vida enriquecer la formación ética colectiva, para en su esencia quedar en condiciones óptimas para que la sustancia “colectiva-espiritual” anide en la conciencia individual, añadiendo sin embargo las dotes de la relevante calidad humana, regidas por normas éticas, como constitutivas esenciales para enraizar los sentimientos en la nobleza y el bien”.

Escribe León David: “Quien posea un adarme de sensatez no podrá dejar de convenir que los problemas a que afronta la moral son de esa singular y llamativa especie”, refriéndose en este caso a la compleja razón humana. Imaginariamente, diría mi padre: “Y es que cuando la actitud colectiva es de valor y utilidad, siempre se produce la decisión positiva de muchos ir en procura del bienestar que proporcionan los valores supremos de moralidad. Así que se hace imperativa una voluntad colectiva, para buscar espacio de moralidad en el alma de la comunidad y el comportamiento recto en el diario vivir, por ser esta condición parte del requisito para hallar con certidumbre la vida decente, honorable, buena y confiable.”

“Simplemente se trata de poner en sintonía el pensamiento y los sentimientos, con propósito de transformar la vida corriente, en una espiral ascendente de dignidad, con la valoración ética necesaria y con espíritu peculiar, para adquirir la expresión de vivencias morales para a su vez hacerlas valer en cualquiera de las esferas del comportamiento y las relaciones sociales”. Ante los juicios enjundiosos de estos dos hombres pensantes sobre la moral, tan necesaria hoy para nuestra nación, solo me queda desearles de corazón a todas las madres, ¡el mejor de los días!