De la paranoia al pánico

Eusebio Rivera Almodóvar

Desde hace varios días han estado marcando mi número telefónico y por la metodología utilizada me ha parecido que se trata de uno de esos trucos, muy usados, donde te marcan para que devuelvas a un número cuya compañía te cobra sin permiso los minutos que consumes a una tarifa fraudulenta superior a lo normal.
Estuve planificando ir a denunciar la probable maniobra telefónica en mi contra, pero la paranoia colectiva me disuadió porque, atendiendo a la diseminada corrupción en muchas instituciones públicas, imaginé que existía la posibilidad de que los delincuentes tuvieran aliados en la oficina de quejas y yo podría ser víctima de mayores ataques, tecnológicos o no, como represalia de los ciber-delincuentes.
Me cuestioné sobre si realmente valía la pena ser una más de las víctimas de la paranoia colectiva y pensé reconsiderar mi decisión sobre la denuncia, pero la paranoia llegó a los límites del pánico cuando, revisando el HOY de fecha 11 de marzo en curso, encontré las noticias del horrendo crimen en contra de un médico en Santiago y una reseña del curso del proceso judicial por el espeluznante asesinato de la niña Carla Masiel y pensé que un fraude telefónico es un simple sueño comparado con pesadillas como las del doctor y la infante.
No creo que exista terapia psiquiátrica “colectiva”, porque un país completo no puede ir a sentarse a hacer turno en un consultorio de un psiquiatra para mejorar o controlar su paranoia o pánico generalizado. Parecería que un gobierno responsable y eficiente debería asegurar que podamos dormir y despertar seguros, pero parece mucho pedir frente a lo que nuestras autoridades pueden dar.