De la prostitución infantil

BIENVENIDO ALVAREZ-VEGA
Pareciera que los niños y niñas dominicanas que son prostituidos por turistas y mercaderes indolentes, casi a los ojos de todo el mundo, sólo interesa a los organismos extranjeros. Porque sólo en ellos, en general, toca en el tema. Sólo sus expertos nos recuerdan, año tras año, la vergüenza de estar entre las naciones donde es más frecuente la prostitución infantil.

Diógenes Tejada, el sensible y sagaz periodista de este diario y de El Nacional, lo ha denunciado una, dos, tres, cuatro, y muchas veces más. Con la paciencia del relojero y con sensibilidad social y paterna ha descrito cómo opera desde Boca Chica, un importante punto turístico del país, una red de adultos que recluta y vende la sexualidad de niños y niñas.

Y lo ha dicho con tanto verismo y con tanta audacia, que las autoridades, si quisieran, solo tendrían que seguir los detalles de sus relatos para dar con quienes se dedican a tan desgraciada, deleznable, impúdica y repugnante práctica.

Ahora son oficiales de la Organización Internacional del Trabajo quienes nos llaman la atención sobre lo que todos sabemos pero que ninguno, por irresponsabilidad y por indolencia, queremos ver. Nos dicen que hay aquí una demanda creciente de menores para ser utilizados en centros de masajes, en burdeles y en espectáculos pornográficos. No nos han dicho nada nuevo, es verdad, pero es útil y beneficioso que nos lo recuerden, y que lo describan, lo maticen y señalen las implicaciones sociales y hasta internacionales de tan sucio negocio.

Cuando una nación no es capaz de indignarse, de explotar en ira por una denuncia de este tipo, entonces que nos digan qué es lo importante, qué es lo válido, qué es lo patriótico, qué es lo que merece nuestro esfuerzo, nuestro sacrificio, nuestro tiempo y nuestra inteligencia.

En el pasado denuncias similares han movido a muy poca gente. El gobierno, el que sea, suele comportarse con una timidez que mejor fuera que no lo hiciera. En los hechos, no hace nada, porque lo poquito que hace es para consumo de la prensa, para, como cínicamente dicen los mandantes de todos los gobiernos, apaciguar a los medios y a los periodistas. Los intelectuales ni se enteran, porque ahora tenemos unos intelectuales que su lujo y su importancia está en decir que no oyen radio, no ven televisión ni leen periódicos. Porque ellos son seres de literaturas mayores, de razonamientos superiores, de dialécticas complejas. Claro, esto sin contar los turnos de siervos de los que mandan.

El tema no se le puede tocar ni a los que dirigen el ministerio de Turismo ni a los empresarios del turismo. Es como mentarles la madre o enseñarles al diablo. Su postura es la misma: de rechazo total al hecho, primero, y después a que haya vinculación alguna entre el desarrollo y expansión de la prostitución infantil y algún tipo de turismo.

A pesar de todo y de todos, la prostitución infantil existe y se desarrolla y se expande. Muy a nuestro pesar, pero contando siempre con la indiferencia y la irresponsabilidad de todos, sobre todo de los que tienen la obligación y la capacidad de reducir esta práctica a su mínima expresión.

Este es un tema, el de la prostitución infantil, que también reclama marchas, pronunciamientos, manifiestos, involucramiento de la variopinta sociedad civil, de los partidos políticos, de las izquierdas, de las fundaciones, de las iglesias, de las juntas de vecinos, de los medios de comunicación, por supuesto, de los padres, de las instituciones que trabajan con familias, de los profesionales de la conducta, de las universidades, de los mediadores, de todos.

Poco a poco y ante nuestros ojos, la República Dominicana se está convirtiendo en una sociedad de desbordes, de temas y hechos incontrolables. No es casual, entonces, la violencia que de forma cíclica sacude la sociedad, ni la proliferación de crímenes a sueldos, ni las vendettas por drogas, ni la exportación de mujeres para ejercer la prostitución, ni la indominable corrupción administrativa. Pongámosle, pues, caso a este fenómeno de la prostitución infantil para que después no lancemos lamentos al cielo.

bavegado@yahoo.com