De las extrañas maneras de protestar

Jacinto Gimbernard Pellerano

En verdad no sé, ni me interesa saber, cuáles fuerzas mueven y activan las desmesuradas protestas contra un escritor por el que, si bien no es mi preferido, le tengo una imprecisa valoración como persona, porque nadie sabe las interioridades de otro. Apenas se conoce uno mismo y el viejo consejo de los filósofos griegos, que fue grabado en un muro del templo de Delfos dejándonos la máxima “Gnothi seauton” (conócete a ti mismo) mantiene su alto valor moral a través de los siglos.

Mario Vargas Llosa no parece conocerse. Después de perder la Presidencia del Perú frente a Fujimori, decidió hacerse español. ¿Qué pasaba por esa mente? ¿Qué alambres de púas estaban clavados en su alma… y por qué?

Ahora se descarrila nuevamente al compararnos con los nazis. A nosotros, los dominicanos, que fuera de los horrores de la dictadura de Trujillo y “el corte”. solo somos culpables, junto a los gobiernos haitianos, de abusar de los paupérrimos vecinos, más allá de lo que abusamos de los obreros dominicanos.

Vargas Llosa, que ha disfrutado extensamente de la acogedora y grata simpatía de los dominicanos, que ha podido moverse en todos los estratos sociales, hablar, ver y comprobar muchas cosas a sus anchas, parece que no nos conoce en absoluto.

¿Nazismo aquí? ¿Xenofobia aquí? ¡Por Dios! ¿Cómo se puede hablar de racismo en un país como este, que es un sancocho de razas donde, visible o semioculta está presente la negritud y quien menos piensa usted “tiene el negro detrás de la oreja” –si no lo tiene delante?

Naturalmente que nos duele y nos indigna el desparpajo con que nos trata este famoso y despistado escritor. Por eso nuestras protestas, pero… “bueno es lo mucho, pero no lo demasiado”. Ahora un grupo de “patriotas nacionalistas” movidos por quién sabe qué intereses, descubren que Vargas Llosa es un escritor mediocre y otras linduras por el estilo. Aconsejan no leer sus libros y, como nazis –ellos sí– proceden a una quema ejemplarizadora y califican de “traidores a la patria” a quienes no comparten sus puntos de vista –y hasta piden su muerte.

Nacionalismo no es el tratamiento que se quiere dar a los haitianos: es injusticia contra quienes, por años y siglos, han convivido y laborado junto a nosotros, humilde y honradamente, cuyos descendientes no conocen otro idioma y otras costumbres que las dominicanas.

Nacionalismo, patriotismo, es comportarnos mejor, combatir la corrupción que nos ahoga, es contribuir a la decencia y la disciplina cívica que se escurre por alcantarillas pestilentes.

En un limbo de dejadez y palabrerías.