De lo público a lo propagandístico

MANUEL E. GÓMEZ PIETERZ
Según el escritor y periodista catalán Manuel Vázquez Montalbán, para desempeñar su función como tal, “el político contemporáneo necesita saberes complejos y complementarios: el económico, el legislativo-administrativo, el propagandístico y el organizativo…El saber propagandístico, o comunicador… suelen aportarlo especialistas, en el pasado llamados propagandistas y hoy asesores de imagen.

Pero el éxito de la empresa depende de que el político sea (un buen comunicador) en unos tiempos en que, en observación de Baudrillard, el espacio público ha sido sustituído por el espacio publicitario.

(El subrayado es nuestro) Aunque comparto la opinión de que el perfeccionamiento de la democracia debe propender a un ejercicio civil más directo y participativo, y por ende menos representativo, creo sin embargo, que sin llegar a prescindir de la capacidad y experiencia probadas de la profesionalidad política, lo cual implicaría excusarlos de tomar decisiones y exonerarlos de responsabilidad en el rendimiento de cuentas de su gestión.

En otras palabras, la valoración del desempeño político debe circunscribirse estrictamente a las realidades y circunstancias del espacio público y no del propagandístico que como un balón, se suele hiperinflar en el momento electoral. Las crisis severas determinan el momento de las urgentes e inaplazables decisiones, no el de la convocatoria a consulta para trazar el curso de las futuras acciones y decisiones. Marcan el punto crucial en el que los políticos que el pueblo eligió, deben demostrar que tenían las virtudes y capacidades con las cuales se vendieron en campaña.

Las crisis demandan acción política en el estricto espacio público, no en el engañoso y manipulable espacio propagandístico. Porque la anormalidad de la crisis determina el momento más débil (por peligroso) de la democracia directa, y el más fuerte, por lo urgentemente necesario, de la representativa.

Naturalmente, el espacio propagandístico es, en cuanto tomar decisiones, el lugar geométrico de la vuelta a cero. Allí los problemas y conflictos se “analizan y debaten” poniendo en cero el disco duro normativo, y partir de cero como si no hubiera leyes sustantivas ni adjetivas, reglamentos, decisiones administrativas en uso, decretos, ni prácticas tradicionales asentadas por el uso; en fin nada que hubiese podido orientar la viva y oportuna decisión de los funcionarios políticos en ejercicio. Todo lo suple y legítima el imponente despliegue del espacio propagandístico. Todos los convocados levantan la mano y opinan. Y se produce en el alienado espectador la impresión de una mágica mutación de la opinión en decisión y la especiosa convicción de que la crisis, el problema o el conflicto, al fin ha entrado en vías de solución definitiva. Al menos, eso desean creer los políticos comprometidos. El recurso al permisivo espacio propagandístico suele servira todos los niveles de la administración pública como modelo de evasión de las limitaciones y responsabilidades que ante el ciudadano contribuyente les impondría actuar estrictamente en el marco restrictivo del espacio público, como prueba de ello, quiero referirme anecdóticamente a un jirón de mi experiencia personal.

Tengo mi residencia familiar en el ensanche Piantini. Allí habito junto a mi esposa y dos empleadas en el servicio doméstico.

No tengo piscina ni nada que se le parezca; sólo cisterna y bomba, que son de hecho el visible testimonio de la deficiencia del servicio en términos de presión y caudal, que obliga al usuario a asumir el costo agregado por el mantenimiento de la cisterna y la operación de la bomba.

El valor facturado mensualmente ha aumentado sistemáticamente.

 En abril: 4%, mayo: 6%, junio: 15%, y julio 26%. 51% en 4 meses y un promedio mensual de 13%.

La facturación correspondiente al mes de julio ascendió a RD$1808. Anexada a esta última facturación, la CAASD me remitió una comunicación que es un buen ejemplo de aplicación del modelo del espacio propagandístico, expresando con buenas maneras, argumentos nada convincentes.

 Y no es que se recurra al espacio propagandístico para justificar mentiras o errores, sino para obviar los constreñimientos que el espacio público impone. Porque el espacio propagandístico es sólo un ambiente en el cual todo es posible; pues en ausencia de un efectivo poder controlador u opositor, todo es legitimable con solo pulsar la clave del volumen, intensidad, frecuencia, tono, y dirección de la onda propagandística. A continuación el segmento de la carta que interesa destacar: “Los equipos destinados a medir el consumo de agua al interior de los hogares y comercios, dadas sus características, y a fin de garantizar la calidad de sus lecturas, necesitan un mantenimiento periódico para calibración, reparación y reposición a final de su vida útil. El costo para realizar estas tareas, depende del diámetro del medidor instalado y deberá ser cubierto por cada cliente. Por tal motivo, a partir de julio del presente año 2006, su factura incluirá un cargo mensual por RD$40, valor correspondiente al diámetro de su medidor de “pulgadas”. “Este cargo, de ninguna manera, representará un aumento en el valor de los metros cúbicos de agua potable que se le cobra mensualmente por lo que usted consume y cubre todas las causas de reposiciones del medidor, incluido robo y daños por terceros”.Aún no he logrado reponerme del asombro y la desazón que me produjo la lectura de estos dos párrafos insólitos. Que ignoran paladinamente qué cosa es una institución deservicio público y que el usuario está únicamente obligado al pago que estipula la tarifa y de ningún modo a capitalizar directamente a la empresa, y mucho menos, “cubrirle los daños y robos” ocasionados por terceros, lo cual lo rebaja a la categoría de cómplice del delincuente.Y no hablo por boca de ganso. Acompañé a mi sobrino Frank Piñeyro en la fundación de INAPA como su primer subdirector. El fue precisamente quien ideó, y creó la CAASD y simultáneamente la dirigió desde su primogénita INAPA. Sea éste un honroso testimonio de la visión social, altruismo y bonhomía de Frank Piñeyro Gómez.