De mal en peor

Sobre mi artículo del pasado jueves titulado “El lenguaje presidencial” ha habido de todo. Desde mensajes de felicitación, nacionales e internacionales, hasta amenazas que han puesto en vilo a mi familia.

“Te pasará igual que a Darío Gómez”, me dijo una voz cavernosa, de esas que hablan con faltas de ortografía. Darío Gómez fue el senador asesinado hace más de dos años por “delincuentes comunes”, sin que hasta el momento el Senado de la República haya hecho nada por conocer a los autores intelectuales o, tan siquiera, pasado juicio a los asesinos.

Bien, yo comenzaba el citado artículo señalando que, “entre las cosas que me avergüenzan del presidente Hipólito Mejía está el lenguaje que usa públicamente”.

Y el pasado domingo 21, en el programa que tiene el presidente por televisión, mi vergüenza subió a límites insospechados cuando escuché al Presidente de la República, el “atípico Hipólito Mejía”, hablar sin darse cuenta que estaba poniendo por el suelo no solamente su condición de mandatario, sino tambien la majestad de lo que es la Presidencia de la República.

El presidente lo es por el voto mayoritario del pueblo dominicano. Por lo tanto es un funcionario de ese pueblo, de ese pueblo que le paga espléndidamente por sus servicios, a él y a los que le han llenado la cabeza de aire contaminado.

Estamos gobernados por personas sin palabra, y de ellos hay varias muestras conocidas de todos.

En política se han visto muchas cosas y se han oído muchas más. Pero nunca como ahora, ¡nunca como ahora! En boca de personas que deberían darnos el ejemplo oímos los insultos más increíbles, se pone en duda la masculinidad de los adversarios, sin darse cuenta de a quienes están insultando; se utilizan palabras y frases que ni en bocas de cualquier patán analfabeto podrían pasar.

Si el presidente no tiene quien le escriba los “guiones” de su programa, debería nombrar alguien que lo hiciera. Ramón Font Bernard escribió hace poco que los discursos de los presidentes, aquí y fuera del país, son escritos usualmente por personas de indiscutible cultura y conocimientos. Pero cuando el programa es como el del presidente, alguien debería advertirle lo que debe decir y lo que debe callar. Hay cosas “graves” que se pueden decir sin ofender a nadie. Pero hay que saber cómo se pueden decir.

En cuanto a las amenazas que se me han hecho, es bueno que se sepa que nadie se va a tragar el cuento que se tragó mucha gente cuando el asesinato de Darío Gómez. Simplemente he tomado las necesarias precauciones. Podrán sorprenderme en cualquier esquina, pero media hora después todo el pueblo dominicano se estremecerá cuando se den a la publicidad las cartas y las grabaciones que he preparado y que se encuentran en manos de personas, de ese tipo de personas que no se inclinan “ante el oro corruptor del peculado”.

Para mis amigos de Miami, a los que prácticamente no conozco salvo dos o tres excepciones, que no se preocupen. Este gobierno ha hecho barrabasadas económicas sin fin, ha llevado al país a un “fondo” del que no podrá salir en diez o quince años, sin antes pasar por sufrimientos increíbles. Pero creo, solamente creo, que no se le puede endilgar…todavía, ningún crimen de Estado, aunque el caso de Darío Gómez me pone a pensar en el “por qué” se engavetó el mismo.

¿Vieron la foto que se publicó el pasado domingo en la primera página de este diario, en la que numerosas mujeres, pobres mujeres, prácticamente escenifican una pelea callejera todo por agenciarse un saquito de cinco libras de arroz ? Esa foto parte el alma. Si los chinos decían hace cinco mil años que “un buen grabado vale por diez mil palabras”, esta foto tiene un valor indescriptible y servirá para que la actual generación que aún no ha sido corrompida, y las generaciones futuras, sepan como se ha vivido en este país del año 2,000 a la fecha. “Y aún falta mucha por hacer”.

Finalmente termino este artículo exactamente igual que el del pasado jueves: “Respeto merece quien respeta a los demás”.- Y para que vean lo que se piensa en el exterior del trabajo de Mejía, ahí les va el siguiente cuadro sobre “los presidentes que mejor trabajan” en América Latina. Y saquen conclusiones.

Los presidentes que mejor trabajan

El argentino Néstor Kitchner tiene la mayor cantidad de opiniones favorables, mientras que el dominicano Hipólito Mejía es el menos popular.

[b]Trabajo presidencial bueno o muy bueno (en porcentaje)[/b]

Néstor Kitchner (Argentina) 80

Alvaro Uribe (Colombia) 74

Ricardo Lagos (Chile) 49

Lucio Gutiérrez (Ecuador) 38

Vicente Fox (México) 35

Luiz Inacio Lula da Silva (Brasil) 35

Mireya Moscoso (Panamá) 15

Hugo Chávez (Venezuela) 10

Gonzalo Sánchez de Lozada (Bolivia) 9

Jorge Batlle (Uruguay) 9

Alejandro Toledo (Perú) 7

Hipólito Mejía (República Dominicana) 6