De que este es el paraíso, de verdad lo es

En muchas ocasiones les vemos partir. Eso es parte de la vida. Nadie ni nada es eterno y, por tanto, vivimos de despedida en despedida. Y algunas de ellas, indudablemente, dejan incómodas e inolvidables huellas.

Así será, precisamente, la magistral despedida de Ricardo Díez Conde, un español que fue condenado por narcotráfico en su país, pero que vivía aquí bajo la identidad de Rubén Ramos.

Aunque aún no se han terminado de cuantificar los bienes de Díez ya se sabe que se dedicaba a blanquear capitales en la región Este, a través de cuatro proyectos inmobiliarios en  Bávaro y Punta Cana,  así como dos casas de cambio.

Este caso vuelve a demostrar que aquí no hay un control eficiente de quienes ingresan o salen del país, ya que no es la primera vez que se sabe de delincuentes que burlan las fronteras (terrestre y aérea) con una identidad falsa, hacen negocios, estafan y, así como entraron, se marchan cual fantasmas.

Otro punto importante es lo mal paradas que vuelven a quedar las autoridades: se les fue Figueroa Agosto, se les fue Sobeida y ahora, a pesar de que estuvieron al punto de apresarlo hace dos meses, se les fue Ricardo Díez, quien abordó un vuelo en  Punta Cana con destino a México.

Viendo todo esto no queda más que reconocer que esta media isla sí que es un verdadero paraíso: aquí cualquiera puede venir a “esconderse” y, mientras lo hace, dedicarse a lavar, vivir a cuerpo de la gran élite y después, cuando las cosas se ponen mal, hacer la despedida triunfal. Ya veo por qué vienen tantos.