De qué limpieza quieren hablar

Desde el siglo XIX se presencia un cambio drástico en las condiciones naturales de Quisqueya. No nos referimos  a Haití, que da la sensación de sensibilización extrema y de agotamiento ambiental. Hablamos de aquí, nuestro lado, que aparentemente está en mejores condiciones, gracias a su morfología y su orientación frente a los alisios.

Sin embargo, estamos perdiendo algo que nadie percibe, no es cobertura vegetal, sino las condiciones naturales para la regeneración de nuestra biodiversidad. Ese proceso complejo, donde se pierde ciertos ambientes y nichos necesarios para la producción de bienes naturales, se origina con los modelos económicos experimentados. Nos amenazan situaciones dramáticas por la fragilización de las vertientes, la erosión de las terrazas de ríos y el desvío de sus cauces. Ya sufrimos las consecuencias de tal modelo, con la desaparición de ríos,  su sedimentación y la reducción de la vida útil de las presas, la destrucción o desviación del cauce y la reducción del caudal de los ríos y arroyos (sin E.I.A.).

Hoy, se plantean nuevos desafíos con propuestas aventurosas, algo típico de nuestra época donde el lucro y el despilfarro se oponen al sentido del ahorro ecológico que tenían las civilizaciones pasadas.

La educación ambiental debe iniciarse con una reflexión sobre nuestras prácticas con la naturaleza, analizando y evaluando las lógicas y prácticas culturales de las civilizaciones que nos precedieron y que tenían una relación con la naturaleza que debe servirnos de base crítica para la superación de los modelos de desarrollo de hoy.

Resulta preocupante que nuestros ríos sean la base material de una actividad tan depredadora como la extracción de materiales pero además en su cabecera o cuenca alta, entre la deforestación y la erosión, se crearon las condiciones para que la ecologización de la economía genere más riquezas para algunos y más riesgos ambientales para el país.