De samaritanos y mercenarios

De samaritanos y mercenarios

Bernardo Vega

Probablemente hay cinco formas de salir de las bandas criminales repartidas por todo Haití: una acción por parte de la policía. Además de que ya hay más de 100 policías asesinados por esas bandas de una membresía total de cinco mil, las bandas están amenazando también a los familiares de los policías y cuentan con armas iguales o más letales que las de la fuerza del orden. El ejército haitiano prácticamente no existe, por lo que esa no es una opción.

Las fuerzas armadas norteamericanas podrían intervenir en Haití tal y como hicieron en 1914 y 1994, pero ante el fracaso militar norteamericano en Vietnam, Irak y Afganistán no hay ambiente para una nueva aventura militar.
Aunque Naciones Unidas creó para Haití la Minustah, hoy día no cuenta ni con los recursos ni con la voluntad política para intervenir otra vez allí.

La OEA. Tan solo tiene como antecedente la tristemente célebre Fuerza Interamericana de Paz (FIP) en Santo Domingo en 1965. Es improbable que repita eso.

Como la única posible solución sugerimos la contratación de tropas mercenarias como las de Blackwater, G4S o los gurkhas nepalinos. Hubo un momento en que en Afganistán había más tropas mercenarias norteamericanas que soldados de su ejército regular. Hoy día esos mercenarios operan en África.

Surge entonces la pregunta sobre con qué recursos pagarle a los mercenarios. Los rehenes menonitas fueron liberados en Haití debido a que la banda que los había raptado fue pagada por un “buen samaritano” de quien solo sabemos que no era menonita, ya que por política tradicional Estados Unidos no paga a los que raptan.

Si aparece ese “buen samaritano”, tal vez buscado por una de las empresas de mercenarios o por la diáspora haitiana, este aportaría la plata con qué sufragar los gastos.

Por supuesto, se requiere la aprobación tanto del Gobierno norteamericano, por ser esas empresas de ese país y del Gobierno haitiano, el cual solicitaría esos servicios como “apoyo técnico” para su policía. Como antecedente al uso de mercenarios en Haití tenemos el caso de la compañía de California que fue contratada por el presidente Aristide para su seguridad personal y que cuando Washington en el 2004 decidió que este debía irse habló con esa compañía y esta informó a Aristide que ya no podría garantizar su seguridad. Hizo sus maletas y se marchó.

Pero si lo de Haití y las bandas es complicado, ahora se ha complicado aún más con una noticia en el New York Times que sugiere que el primer ministro Ariel Henry estuvo involucrado en el plan para asesinar al presidente Jovenel Moïse. Dos personajes luce que aportarán nuevas informaciones al respecto.

El colombiano Mario Palacios era buscado por la policía en Haití pero salió de allí y desde nuestro país tomó un avión hacia Jamaica donde habló con los norteamericanos. Estos luego lo agarraron en Panamá y hoy está preso en Estados Unidos.

El otro es Rodolfo Jaar quien cruzó recientemente nuestra frontera y fue capturado. Presumimos que los servicios de inteligencia dominicanos están pasando información a los americanos sobre lo que sabe este personaje, ex traficante de drogas y quien ya admitió que participó en el complot contra Moïse.

Entre nuestro país y Haití nunca ha existido un tratado de extradición, a pesar de la presión de Trujillo para que le devolvieran elementos “desafectos”.

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