De sueldos y precios

BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Quienes fuimos a la escuela con dos centavos ahora tenemos que buscar entre 30 y 50 pesos para que cada niño tome algo en la escuela. Es de suponer que debemos entender algo del desbarajuste de la economía, o somos muy brutos.

Inscríbanme en el grupo de los últimos.

Enantes, la escuela era pública, del gobierno. Allí los maestros enseñaban el abecedario, a leer, escribir, sumar, restar, multiplicar y dividir.

Enseñaban historia, geografía, ciencias naturales y físicas.

Haga la prueba y pregúntele a un nieto dónde quedan el talón (y de paso de dónde sale lo de talón de Aquiles) el tríceps y los omóplatos.

No se moleste cuando le conteste tres o cuatro disparates, porque tampoco sabe los nombres de las capitales de América y los de las de Europa.

Y no les pregunten a sus nietos, para que ustedes no se expongan a un infarto, quiénes fueron Juan Pablo Duarte, Pedro Santana y Gregorio Luperón, que aún muchos de mi generación no lo han aprendido.

La posibilidad de una economía sana se diluye en dos tipos de operaciones que tienen que ver con: la fuga de capitales y las importaciones innecesarias.

Continuamos comprando miles de vehículos innecesarios, así como vestidos, calzados, comestibles que podemos producir aquí y todo ello debilita nuestra moneda.

Ahora nos disponemos ¡mucho cuidado! a entrar en una espiral que ha costado la desgracia a muchas naciones americanas: poner a correr los sueldos detrás de los precios.

En vez de aumentos de sueldos, que nunca alcanzan a nadie para sus necesidades no importa cuán altos sean, necesitamos un régimen de austeridad que persiga, hasta lograrlo, la salud de la economía nacional.

¡Ojo con eso de los aumentos de sueldos que no se corresponden con aumentos de la producción!

Los comerciantes e industriales no bajarán los precios por decretos y si hay más dinero en manos del público lo van a buscar a como dé lugar.

Quiera Dios que la ecuación: sueldos para alcanzar precios no se convierta en una espiral inflacionaria que acabe por jorobar lo poco que nos queda.

Tal parece que no es la decisión más sana. Esperemos los resultados. Y ojalá que yo esté totalmente equivocado.