De una República indignada a una justa

Millizen U

Un famoso dicho reza que no se pueden pedir peras al olmo. El olmo es una planta de frutos secos, mientras la pera es jugosa.

Desde el viernes, la indignación se pasea por más de un dominicano tras conocerse la decisión del juez Alejandro Moscoso Segarra, vinculado al gobernante PLD, quien dictó un auto de “No Ha Lugar” a favor del legislador, también peledeísta, Félix Bautista, en el caso que se le seguía bajo acusaciones de corrupción y lavado.

Los sentimientos de indignación, impotencia, frustración, rabia y desesperanza son válidos.

Tanto los dominicanos que trabajan de lunes a viernes, de 8 de la mañana a 5 de la tarde, y que forman parte de ese 80% que gana menos de 10 mil pesos, como los de clase media que van al supermercado o a algún restaurante y ven cómo gran parte de sus ingresos se van en impuestos, han visto que personas acusadas de malversar esos impuestos pasan por la justicia sin consecuencias.

Empero, si a un árbol seco no se le puede pedir frutos jugosos, ¿a un sistema de justicia parcial, conformado, en un gran número, por jueces políticos, se le pueden pedir sentencias justas?

Indignarse es importante, pero para cambiar la realidad no basta con indignarse, es preciso actuar diferente.

El pueblo siempre tiene sed de justicia. Si no la encuentra en los tribunales formales, el 20 de mayo del 2016 pudiera ser un buen escenario para actuar diferente y no elegir para la administración del Estado a estructuras partidarias que tengan miembros que con sus hechos favorecen la corrupción y la impunidad que tanto laceran la dignidad dominicana.

Con la frase, la sabiduría popular advierte que hay que tener cuidado en relación a dónde se sitúan las expectativas. Quedó demostrado que en la justicia formal no se puede confiar.

No es para menos. El país entero fue testigo como en la reforma constitucional del 2010 se conformaron las altas cortes. El criterio, ahora queda reconfirmado, fue llenarlas de políticos y asegurarse protección mientras estén en el gobierno e impunidad cuando salgan.

Un Estado de Derecho, como proclama la Constitución que es República Dominicana, requiere una justicia independiente, de modo que un juez decida en función de las leyes, no porque le deba el puesto a un político.

Llegar hasta ahí es necesario, pero para eso hace falta más que indignarse por un par de días en las redes sociales, frente a la Suprema o en el Parque Independencia.

Las tareas son muchas: construir opciones de poder distintas es una y no elegir más de lo mismo es otra.

Con el pueblo dominicano juegan siempre al olvido. No olvidemos, mantengamos la indignación viva hasta el 20 de mayo para que frente a la urna no votemos por el menos malo, por el que va a ganar, o por el que me garantiza “lo mío”.

Solo eso nos ayudaría a recorrer el largo, pero necesario trecho de una república indignada a una justa.