Decir agua es decir vida

El agua es la simpleza química más determinante en la complejidad de la vida humana. Sin esa simpleza, la existencia, ese don intrincado y difícil de interpretar y entender, sencillamente no existe. Hablar de agua, pues, es hablar de vida. Tan sencillo como eso. Pero el agua es, a la vez, el recurso vital que más desperdiciamos los dominicanos. Con solo decir que el 54% de toda el agua que llega a Santo Domingo se pierde por varias causas y razones, y entre las principales está el mal uso, el desperdicio, la falta de conciencia sobre la necesidad de ahorrarla y cuidarla.

Para este Día Mundial del Agua es bueno plantear -o replantear por enésima vez- que en la medida que progresamos, más agua necesitamos. La demanda por el crecimiento demográfico y el aumento del número de industrias, se suma al hecho de que cada vez disponemos de menos agua potable. La otra parte es que la mayor parte del agua que utilizamos, es vertida sin ser tratada en el suelo, los ríos o el mar, convertida en contaminante.

Cada día necesitamos más agua y cada día disponemos de menos. Esa situación debe obligarnos a reflexionar sobre el hecho de que si el agua es vida -y sí que lo es- su desperdicio equivale a suicidio. Nuestra complejísima existencia depende de ese simple elemento. No hay dilema ni disyuntiva posibles al evaluar esta realidad.

ENSANCHEMOS ESTA OBRA DE BIEN

Las instituciones del Estado y un número de empresas privadas están acogiendo a personas con condiciones especiales para integrarlas a la vida productiva. La iniciativa de estos sectores forma parte de un programa que tiene el objetivo de romper con la discriminación que afectaba a estas personas, sin permitirles la oportunidad de superar sus limitaciones o desarrollar capacidades realmente útiles, para ellas mismas y para las entidades que las acogen. El resultado ha sido sencillamente maravilloso, digno de ser expandido en cuanto sea posible.

Quebrar el paradigma de la cruel discriminación es lo mejor que puede pasar en una sociedad, porque es un signo de madurez y comprensión de la naturaleza humana. Hagamos de esta iniciativa una práctica de gran alcance. Ensanchemos la obra.