Declaración Jurada de Bienes; pretensiones de funcionarios

O2

En los últimos tiempos se ha desatado una ola de funcionarios que, al ser nombrados por el Poder Ejecutivo, se destapan con una Declaración Jurada de Bienes para su depósito y archivo en la Cámara de Cuentas, que solo los ingenuos, mentecatos, zafios, bobalicones y otros atributos que surten incredibilidad, pueden imaginarse. ¿Pero, por qué ejecutan estas increíbles y fantasiosas declaraciones de patrimonio personal? Porque la disfuncional Cámara de Cuentas no verifica la autenticidad de lo declarado; de esa manera da pábulo, que al salir de sus funciones, este abnegado empleado público puede justificar “legalmente”, la enorme brecha que dejó entre su patrimonio real y el que “cosechó” durante su permanencia en el cargo.
Existiendo una ley que obliga a todo funcionario nombrado por el Poder Ejecutivo, no podemos entender, cómo tantos no cumplen con la misma. Creemos que los que no satisfacen ese requisito, con el mismo impulso que fueron nombrados, deberían ser cancelados, esto crearía un precedente ejemplar para los que hacen caso omiso a dicha formalidad.
En un país en donde el salario mínimo es de los más bajos en la región, llora ante la presencia de Dios que regidores, diputados y senadores pretendan un alza de sus emolumentos, alegando que el mismo no les alcanza para hacer las obras de bien social que se comprometieron en la recién finalizada campaña electoral. A los regidores hay que recordarles, que hasta hace poco esa designación era prestigiosa y se ejercía gratuitamente. Hoy, la conforman una partida de farfulleros, pedigüeños y extorsionistas, que para aprobar un permiso, conforme al monto y a la importancia, solicitan dádivas para firmar, con la condición de que la coima sea en efectivo para no dejar rastro y mantener su honorabilidad.
Los diputados y senadores no tienen excusa válida para el aumento del sueldo que perciben mensualmente, por la sencilla razón de que los aspirantes y los repitientes sabían exactamente el salario. Entonces, si usted pensaba que el mismo no era suficiente para satisfacer sus necesidades ¿Cuál fue la razón para que se postulara a esa curul? Además del salario fijo, estos abnegados legisladores reciben dietas por asistir a las diferentes sesiones de las diferentes Comisiones, por las cuales no deberían cobrar ya que es parte de su trabajo. Tienen oficina particular; dietas por traslado o por asistir a una actividad fuera del hemiciclo; combustible y chofer; barrilito o cofrecito; dos exoneraciones para vehículos sin importar el valor ni la cilindrada de los mismos; además, canastas navideñas, dinero para hacer regalos el Día de las Madres o el nuevo invento, habichuelas con dulce en Semana Santa.
Cuando un ciudadano común llega a tener conocimiento de lo que gana un político del Comité Central del PLD que ocupa un determinado puesto, solo le queda bramar y bufar al comprobar cómo se despelota y dilapida el dinero que como contribuyente paga para mantener en la opulencia a politicastros sin escrúpulos que se gastan hasta tres mil pesos y hasta más por una botella de vino, pretendiendo ser un gran conocedor. Esta ostentación la hemos observado en algunos restaurantes de lujo, en donde estos mediocres funcionarios públicos se vanaglorian en frecuentar.
Nuestro Congreso tiene dentro de su composición, propietarios de bancas o rifadores “legales”, que sin tener preparación alguna para desempeñar el cargo de legislador, gracias al acompañamiento de una claque a la cual se le reparte bebidas, motocicletas, combustible, comida y algunos pesos para mitigar el hambre, logran que sus nombres sean depositados en las urnas. Les debería dar vergüenza –si la tienen– a los partidos políticos que en su bancada tengan semejantes representantes. Lo peor del caso es, que la vergüenza era verde y se la comió un burro en la Sabana de Guabatico, así que sigamos oyendo burradas y proyectos de leyes sin la más mínima utilidad. ¡Cuánta falta han hecho Balaguer, Bosch y Peña Gómez!.