Deja presidencia con popularidad

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MEXICO (AFP).- Vicente Fox, que llegó a la presidencia de México en 2000 en medio una gran expectativa por ser el primer mandatario en romper una hegemonía de 71 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI), termina hoy su mandato con una alta popularidad pero entre reproches de analistas y una parte de la población disconforme con los resultados.

“Hemos cumplido”, decía orgulloso Fox el martes, a dos días del fin de su mandato, aunque su opinión no es compartida por la mayor parte los politólogos y economistas del país.

“El balance es insatisfactorio, por decir lo menos, en una serie de capítulos esenciales”, aseguró a la AFP el periodista y político Adolfo Sánchez Rebolledo, que ha coordinado la obra conjunta de expertos sobre el mandato foxista “¿Qué país nos deja Fox? Los claroscuros del gobierno del cambio”.

En este libro se analizan varios aspectos del mandato del presidente saliente, desde su relación con los medios de comunicación hasta los logros económicos, y los fracasos predominan abrumadoramente sobre los éxitos.

Entre otros logros se destacan la implementación de las leyes de transparencia y contra la discriminación y los avances en los procesos electorales.

Sánchez Rebolledo nombró otros como el programa social de vivienda, algunas infraestructuras importantes y “el respeto a los medios de comunicación”.

Sin embargo, en el resto de materias el resultado es desalentador, según los expertos.

“En tres grandes áreas pendientes de reforma para completar la transición democrática, el gobierno de Fox se vio muy por debajo de las expectativas que había creado”, afirmó Sánchez Rebolledo.

Son la jurídica, donde no se llevó a cabo la aclamada reforma judicial, “indispensable para pensar bien en un sistema democrático viable”, la de la reforma del Estado para modernizar un régimen presidencialista considerado agotado y la de la economía y reducción de la pobreza y la desigualdad.

El profesor de Economía de la Universidad Nacional Autónoma de México Ciro Murayama reconoce en “¿Qué país nos deja Fox?” los avances en estabilidad macroeconómica del gobierno saliente, pero destaca que esa política neoliberal no ha servido para impulsar el desarrollo económico y ha fracasado en materia de productividad y de creación de empleo.

El mandato de Fox termina con muy altos niveles de informalidad laboral y con un promedio de 475.000 mexicanos intentando cruzar cada año de forma ilegal la frontera con Estados Unidos.

Además, Murayama subraya que el de Fox ha sido “el sexenio con menor crecimiento real acumulado” pese a que en los últimos tres años se lograron aumentos del PIB entre el 3% y 4,4% tras dos años de estancamiento, cifras pobres frente a otras economías emergentes.

Sobre la reforma del Estado, “Fox inmediatamente asumió que ya la transición había concluido, que no eran necesarios otros cambios más importantes y, en vez de avanzar en el terreno del cambio democrático, se estancó tratando de utilizar los instrumentos que le heredó el viejo régimen”, criticó Sánchez Rebolledo.

Otras dos áreas que recibieron críticas generalizadas son la política exterior y la seguridad.

“La política exterior ha sido un desastre, por donde quiera que se le vea. Ha sido un desastre la relación con Estados Unidos, que para México es un aspecto fundamental. Y, sin embargo, hemos terminado con un muro en la frontera, sin haber resuelto ninguno de los temas de migración”, agregó.

Mientras que en materia de seguridad, en 2004 la oleada de secuestros y criminalidad provocó la mayor manifestación en la historia de México y la situación actual es prácticamente de desbordamiento del estado por parte del narcotráfico, con centenares de muertos en 2006.

A pesar de todo, Fox mantiene índices de popularidad inéditos para un presidente mexicano saliente (60,6%, según encuestadora Mitofsky), lo cual, dijo Sánchez Rebolledo, fue obtenido “por las vías mediáticas”.