“Del hosanna al crucifícalo”: el caso Lula

Julio Alberto Martínez

Consciente de la relación indisociable entre economía y política, decía el profesor Juan Bosch que como marcha la economía marcha la política. “Si la economía marcha bien, la política marcha bien y si la economía marcha mal, la política marcha mal”.

Analizar la situación política del Partido de los Trabajadores (PT) y sus principales líderes al margen de la economía sería centrarse en la superficie y no en la raíz de los  problemas. Brasil pasó de un período de expansión  económica en los gobiernos de Lula, producto del auge de la economía de China, a un período de contracción económica en los gobiernos de Dilma Rousseff, como consecuencia de la desacerelación del gigante asiático.

La economía brasileña creció a un ritmo promedio por encima del 4% entre el 2003 y el 2010, llegando incluso hasta un 7.6% en el 2010. Lo que le generó a Lula un excedente que pudo destinar a su exitosa política social.

El otrora obrero y sindicalista se centró en varios aspectos fundamentales. Incrementó el salario mínimo en varias ocasiones, alcanzando un aumento del poder adquisitivo de un 62%. Amplió la cobertura de los programas sociales de transferencias condicionadas, e incrementó el acceso al crédito no sólo para el consumo, sino también para la producción.

Esa agresiva política social le permitió a más de 28 millones de brasileños superar la pobreza e integrarse a la clase media. A la vez que lo catapultó al estrellato, constituyéndose en uno de los líderes más influyentes del mundo.

A partir del año 2011, Brasil inicia una tendencia a la baja de su crecimiento económico, pasando de un envidiable 7.6% en 2010, y de 3.9% en 2011, a apenas un 1.0% en el 2014. Ya en el 2015 entró en franca recesión, con una inflación en 10.7% por encima de dos dígitos y una tasa de desempleo que aumentó de 6% en el 2011 a 7.6% en la actualidad.

Dilma Rousseff realizó ajustes que afectaron parte de la política social del PT, generando gran descontento en su base electoral que, indignada por los casos de corrupción, la crisis económica, una implacable justicia, y por unos adversarios que pretenden lograr por esa vía lo que no han conquistado en las urnas, hoy le pasan factura a su principal amenaza electoral.

Conversando recientemente con el Doctor Leonte Brea, pude colegir la fragilidad del poder en estos tiempos. Ese eminente intelectual planteó que en la América Latina de hoy “los presidentes son candidatos a ser  perseguidos e ir a la cárcel cuando abandonan el poder”.

En un abrir y cerrar de ojos las masas pasan de mitificar a sus líderes en momentos de estabilidad y crecimiento económico, a clamar su crucifixión cuando los indicadores macroeconómicos  se deterioran.