Del Nilo al Yaque del Norte

Las recientes inundaciones esparcidas por los cauces del Río Yaque del Norte sobre gran parte del Cibao nordestano y la Línea Noroeste; las pérdidas humanas, las casi 100 mil personas afectadas de manera directa, los más de 25 mil damnificados y las incalculables pérdidas económicas resultantes de este fenómeno natural nos hace recordar y al mismo tiempo contrastar a las virtudes de las inundaciones ocurridas durante más de ocho mil años en el valle del Río Nilo o “valle de la tierra negra” en Egipto.

Al hacer este contraste nos podemos dar cuenta porqué un mismo fenómeno puede ser dañino cuando existe un mal uso de la tierra y viceversa. Igual que en el delta del Nilo en Egipto, los suelos de la cuenca de Yaque del Norte, con más de 7,000 Kms cuadrados, son los más fértiles y productivos de nuestro país. Las respuestas explicativas a este contraste responden a siguiente pregunta: por qué a las inundaciones de tres meses, durante todo el verano a lo largo de una longitud de más de 6,670 kilómetros afectando a un área de cientos de miles de kilómetros se le llaman “regalos” o bendiciones al arrastrar hacia la orilla un lodo negro, llamado limo, que fertilizaba la tierra, y a las recientes inundaciones ocurridas en la cuenca del Yaque del Norte representan perjurios que los afectados llaman maldiciones.

Primero revisemos una explicación religiosa a este contraste. Diferente a las creencias de los beneficiarios del Nilo, las inundaciones eran regalos del dios Hapi, para los científicos eran resultado del deshielo de las nieves de las montañas de Etiopía y las lluvias estivales de Africa; para las humildes familias afectadas en el Cibao son un castigo de Dios; para los expertos los daños extraordinarios ocasionados se deben a que las presas construidas en esa región no previeron administrar a la enorme cantidad de agua concentrada en la cuenca del Yaque del Norte.

Una segunda explicación la aportan los planificadores regionales especializados en el uso de la tierra. Diferente a lo acontecido en el delta de Nilo, donde el uso de la tierra para otros fines diferentes al agrícola, tomaban bien en cuenta a las inundaciones históricas del Nilo, en la cuenca del Yaque del Norte se ha permitido que se le dé cualquier uso al espacio sin tomar en cuenta a los riesgos de las inundaciones.

Una última explicación la ofrecen los economistas siguiendo la teoría de la renta diferencial de la tierra de David Ricardo. Diferente a lo acontecido en el delta inundable del Nilo, donde las tierras para fines agrícolas con mayores posibilidades de ser inundadas tenían una renta mayor; en la cuenta del Yaque del Norte las tierras con posibilidades de ser inundadas tienen, al parecer la renta más baja al convertirse en los primeros sitios a ser ocupados, no para fines agrícolas, sino como asentamiento de desplazados sociales y familias pobres.

De estas tres explicaciones podemos concluir que la agricultura, los asentamientos humanos y la economía de la región más productiva del país, no puede garantizar la seguridad alimentaría nacional dada la excesiva vulnerabilidad que tiene a inundaciones similares a la que hoy afectan al Cibao. Y como siempre, después del diluvio la escasez, las alzas de precios, las importaciones masivas para controlar la especulación, la caída de la producción nacional, y la dependencia indefinida de productos agrícolas importados.

Ante esa realidad, qué podemos hacer? Quizás una solución consistente y duradera seria, como lo hicieron en Egipto, y como tratan de hacer otros países latinoamericanos afectados con las inundaciones del Niño y la Niña de elaborar un plan maestro nacional sobre uso eficiente de la tierra que nos guíe a un mejor ordenamiento territorial.

La posibilidad de aplicar ese plan maestro debería comenzar con la incorporación del ordenamiento territorial dentro de los temas fundamentales de discusión en un eventual Dialogo Nacional y en los programas de gobierno de los partidos políticos.