Del ramo, brote la cruz, y de la cruz, la luz

MANUEL MAZA

La presente campaña electoral ya comenzó con su derroche irresponsable en un país pobre. Su efecto más nocivo es desanimar a los ciudadanos. No han importado las denuncias, reclamos y propuestas sensatas de las instancias más calificadas, como el Episcopado Dominicano (Mensaje 27-2-15). La inmoralidad mayor de la campaña es que destruye la responsabilidad política de los ciudadanos, convirtiéndolos en espectadores resignados de una comparsa carnavalesca y derrochadora. Los partidos se interesan en contar votos, pero no cuentan con el pueblo partido. Los Trinitarios pobres, responsabilizaron a sus compatriotas. Ahora sobran dinero y clientes; faltan ciudadanos.

Hoy Domingo de Ramos, las lecturas nos brindan respuestas para salir de esta situación frustrante. Cuando Jesús se acercaba a Jerusalén, sus simpatizantes, “alfombraron el camino con sus mantos y ramas”. No se resignaron a ser espectadores. Con entusiasmo, apoyaron a Jesús gritando, “¡Viva! ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!

La campaña derrochadora no nos debe paralizar. A cada cual según su competencia, le toca señalar cuáles son los principios y opciones que más nos convienen ahora y luego. ¡Ése es el ramo!

Pero a los judíos entusiastas de los ramos, les faltó el compromiso. Les faltó el renunciar a sus propios intereses. Ser como el Hijo, que “no se aferró a su categoría divina, al contrario, se despojó de su rango” (Filipenses 2, 6 -11).

Tarde o temprano, el ramo de la participación se convertirá en cruz que hay que cargar. La cruz del reflexionar, organizar e interactuar para incidir públicamente.

La lealtad de Jesús da sentido a nuestra cruz.

Celebremos Semana Santa junto a la comunidad para experimentar, cómo en la Pascua y en la vida, de la cruz brota la luz.