Del sí o sí, al no

Del sí o sí, al no

Carmen Imbert Brugal

Y de nuevo la calma, la conformidad ocupa el territorio. Otro pleito suspendido, otra batalla ganada por el presidente de la República.


Los prolegómenos más que correctos, aunque voces oficiales disonantes, deseosas de protagonismo, arriesgaron la límpida estrategia. Mercadeo político de estupenda factura.


Creer o no creer es la cuestión, pero desde el momento de la divulgación de un documento, con los detalles de la reforma fiscal, las alarmas se activaron.


Apócrifo o real, voluntaria la difusión o producto de un desliz, el hecho contrariaba la narrativa preestablecida. Sin embargo, permitía la ponderación antes del golpe. Fue un escarceo, un simulacro para calibrar la calle, esa calle tan apreciada por el Cambio para la gobernanza. Preocupación innecesaria porque la calle sola no se mueve, la mueven.


Importante recordar que Iraima Capriles- directora ejecutiva del Consejo Económico y Social-, había informado en la reunión con el liderazgo nacional para definir la metodología que permitirá el Diálogo Nacional que: “el tema fiscal será iniciado por el presidente Luis Abinader, con conversaciones de búsqueda de consenso con cada uno de los sectores de la vida nacional”.

La declaración validaba la existencia del proyecto. La reforma no era fantasía ni invención maliciosa.
Antes de exponer el contenido, las conversaciones permitirían el diseño de una propuesta que no fuera lesiva en demasía.


Mientras se esperaba la agenda con la ruta de las anunciadas visitas, los rumores continuaban acerca de la pertinencia de la reforma tributaria.


Entonces apareció el documento. El alboroto fue inmediato. Los más atrevidos auguraban confrontaciones, alteración de la paz pública si la reforma, tal como estaba plasmada, se aprobaba.


Funcionarios importantes, a contrapelo de los presagios de rebelión, apostaban a la inminencia de su realización.
El director general de Presupuesto, contribuyó con la babel cuando declaró que el pacto fiscal iba sí o sí.
La dirigencia partidista manifestó su oposición al proyecto. Connotados economistas y representantes de las organizaciones empresariales, objetaron la reforma, cuyos detalles circulaban por doquier. El portavoz del Gobierno negó la autenticidad de la propuesta, pero seguía la alharaca.


Urgía la intervención del presidente y se produjo el día 27. El jefe de estado prefirió no arriesgar el favor popular -67%-, optó por retardar el trago amargo.
Tiene una aprobación que compite con la de Bukele-70%-. El dato es avalado por la firma Mitofsky en su Ranking de Mandatarios.


Las razones que justificaban la necesidad de recaudar más, desaparecieron en un instante. El mandatario afirmó en su discurso que la buena fortuna rige los destinos del país y gastar mejor ha sido la solución.
No necesitó convencer a nadie. Fue suficiente escuchar al sagaz gestor del Foro Permanente de Partidos Políticos y a una delegación del FALPO-.


Solicitó respaldo a sus súbditos. En el discurso pacificador, expresó: “Las posibilidades de la República Dominicana son enormes, pero los necesito a todos ustedes conmigo para sacar este país adelante”.
Las preguntas sin respuestas son muchas. Necesidad de recaudar no hay, están equivocados los funcionarios parlanchines. Conviene más silencio y mejor coordinación.

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