DELIRIO:  Una lectura delirante,
sin tiempo ni espacios ni géneros

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Hay que estar muy loca para tener al lado a un hombre loco por ti. Hay que ser una descocada. O mejor una cocaleca. Aunque para convertirse en ese dulce envuelto en caramelo rojo haya que tener algo más que paja de coco y azúcar por dentro…  Yo soy tu mamita, mama, mamacita, hermanita, manita, manota, mamazota, qué hijota, hija de la j. Yo Agustina, yo todas las mujeres, perdida, mordida, jodida y paciente sin aliciente ¿Colombiana o Dominicana?

¿Qué importa una suciedad u otra?

¿Es mejor estar loca que parecerlo o parecer loca que estarlo?

Delirante / con su ropaje sin brillantes / la mujer iba y venía / por su casa sin recuerdos / recogiendo / energías chinas / que se transparentaban como cristal / en fondo de barro.

¿Cuánta memoria hay en el olvido?

Memo viene de memoria / no de desmemoriado / ni de idiota / como establecen algunos / ajenos a los diccionarios.

Necesito una memoria / Que no me pierda / En los laberintos / De la infancia / y que levante / a cada paso mi huella / para que el regreso / no sea / mi única continuidad.

Siempre se ha dicho que de lo malo es mejor no acordarse, porque lo que daña no es el hecho sino saberlo.

Carlos Vicente / era inocente / cuando le nació / otro varón…

Bichi, bichito, bichón, descendiente directo de un músico alemán… Tu madre te dirá que tocaba maraquitas, pero jamás contará su tendencia mariquita. Tu padre tampoco, un santo varón, admite esa vaina que seas maricón.

Probó mil patadas / más de un bofetón / y el chiquillo nada / esa es la cuestión.

Seguía tranquilito / con su voz rosada / ante un vozarrón / a veces lloraba…

Aguilar es un águila cenicienta. El no está loco, solo está loco por saber qué o quién volvió loca a su mujer.

La mujer que lo deslumbró con esas “pequeñas manías sin importancia”. Ella le hizo pensar que el juego era suyo y que lo tenía todo ahí bajo su mando.

Delirante / se paró de repente / en el centro de la sala / y por un instante leve –para ella– / eterno –para él– / posó sus ojos / en esos ojos / que la siguen / a todas partes.

Era una señal de pare / él se creyó reconocido / ella se reconoció / extraña en él.

Pero esa mirada que le anuncia el reconocimiento es la misma que le confirma su denodado desprecio.

Soldados de plomo / Para las niñitas / Mientras a su padre / Le crecen plumitas.

Pobre Aguilar busca al culpable de su Agustinita con la disciplina de un investigador oficial. Así descubre sobradas razones: su abuelo; raro, su tía; traicionera, su hermano; mafioso, su hermanito; pájaro, su padre; machista, su madre; desentendida, su Midas, derrotado y su sociedad podrida.

Entre los dos / la empatía / la solidaridad / y el enigma.

Agustina creció hermosa y sin entender nada, hasta que el barrial amigo de su hermano, al final delincuente y su amante de siempre, desembuchó. No perdió la inocencia en la cama, a ella el cuento se lo hicieron después.

El cerebro femenino / es una máquina / que se activa sola / que mientras más sabe, / piensa… sufre.

Tal como ella siempre intuyó, el poder no está en la revelación, sino en el secreto.

Sofi, sofita / que pobre mi tiíta / tan linda, tan buena / conmigo y su hermanita

Sofi, sofita / no tiene casita / y duerme solita / aunque con mi padre / hace su cosita.

Mi madre, la pobre / se hace la tontita / y todos jugamos / a la escondidita.

La Sofi, la tía / su flor se marchita / y es que cada día / crece su culpita

Y yo no la ayudo / porque estoy loquita / por esas naditas / que vi de chiquita.

También nosotros alguna vez hemos deseado estar locos al enteramos de que no fue un sueño ni una pesadilla lo de anoche.

Delirio viene de flor / flor blanca / que perfuma de lirios / a los que conocen / la muerte / por la vida –amada– / y perdida.

Lo peor de que no me conozcas, no es que no lo hagas. Si no que al desconocerme tú, empiezo a sentirme como si ni yo mismo me conociera.

¿Quién soy después de todo sino lo que tú me hacías sentir que era?

Soy esa imagen borrosa / Con ojos / sin forma, color ni expresión / con labios sin besos / una mueca por risa / que aunque miras, / no ves.

A mí me hablan ahora las cosas que me decías y no oía. Ven, cuéntamelas otra vez.

Ahora busco / como un loco / en los escombros / de tus días perdidos / la luz que me devuelva / la alegría de saber / quién eras.

Quizás sea esto el amor. Una locura. Y, Agustina sabe muy bien cómo manejar esos hilos con que sostiene en ascuas a los que ella quiere que la quieran como ella quiere.

Busco una memoria / que no permita / que me olvide / de la tersura de tus manos / y la voluble incongruencia / de nuestros pasos.

Por eso reacciona feliz y respira tranquilo cuando descubre que antes del fatal desconecte, ella llevaba en su puño el papel que le confirma que ella lo ama y que puede volver a perder los estribos y caer a sus pies.

Tanto joder para nada / celar, buscar, elucubrar / husmear en las miserias / ajenas / para volver al principio.

A la misma tarde / en que jugaste al idiota / y le enviaste una fotocopia / de tu mano.

Su delirio / es tu delirio. / ya no importa más / se esfumó la duda / ella, como entonces, / te quería y te tiene. / Siempre al borde / de la locura, ella / y tú, en tu inmensa / cordura, / ¿Te has visto en el espejo / con esa ruinosa –reveladora– / corbata roja?

Ella hace que no te la ve, pero sabe lo que significa. Eso es, ese es. Permiso para que continúe el delirio de Agustina. Y es que detrás de cada locura individual y pública hay una vieja y permisiva locura colectiva que se quiere ocultar y que sin embargo es tan familiar… tan de todos.

Aquí se les llama laura a una especie de los buitres que se alimenta de la carroña y tenemos aquí una mujer que se llama Laura y que en contraposición a las otras: usa la miseria y la basura social para hacer una obra de magnifico arte que nos llama a la compasión y a la reflexión.

Esta Laura Restrepo por la que estamos aquí sabe contarnos con inocencia y desesperación. Es como si estuviéramos leyendo las noticias de las calamidades de otros y supiéramos que también se trata de nosotros.

Tras leerla, sentirla a ella detrás de sus personajes y sus historias y escribir esto que he leído esta noche reconozco que tiene validez aquello de que lo malo no es volverse loco, sino con lo que a una se la coge.

Delirio tiene tantas lecturas como lectores, a quienes les adelanto, que con solo adentrarse en esta novela obtendrán su permiso para delirar, firmado por Laura Restrepo y avalado por Alfaguara.

Delirar en cambio / no es ninguna flor / que alude al amor / es una palabra / que huele a sueños / y a corazón, / sin razón
Marivell Contreras
Septiembre 27, 2004.