Democracia, pueblo y partidos

Los partidos políticos son el soporte de sustentación del sistema democrático. En el modelo ideal, estas organizaciones canalizarían los anhelos de las mayorías, sin merma de los derechos de las minorías. En el plano real -el nuestro- los partidos canalizan ambiciones de poder y muy poco hacen por apuntalar y solidificar las instituciones. El estudio sobre la cultura política de la democracia en la República Dominicana 2008 comprueba que el pueblo dominicano le da un fuerte apoyo a la democracia y lo hace a través de los partidos políticos, que a pesar de que son los pilares de sustentación de este régimen, tienen una pésima puntuación en las evaluaciones sobre su desempeño.

Sin duda los partidos, como eje central del sistema democrático, no han sabido capitalizar la adhesión popular para hacer transformaciones de fondo que influyan en las condiciones de vida de la población. Tampoco lo han hecho para apuntalar las instituciones y para atacar males como la corrupción, que en términos de percepción por parte de los ciudadanos tiene puntos muy altos. En esta virtud, la fortaleza de la democracia parece residir en la expresión del pueblo en los procesos electorales, no en lo que los partidos aportan en beneficio del sistema. Hace falta que los partidos logren guiar sus pasos en sintonía con los anhelos de progreso del pueblo, aferrados a principios institucionalistas.

Estímulos esperanzadores

Bajo la coyuntura actual, de desaceleración de todas las economías del mundo, de desbalances comerciales bastante acentuados, se hace obligatorio diseñar estrategias que aviven la economía. Con los mercados de demanda deprimidos y, por tanto, las exportaciones en baja, lo aconsejable es crear estímulos internos que aceleren la relación oferta/demanda. Es lo que el Gobierno ha estado haciendo a través de medidas monetarias y fiscales para estimular un “avivamiento” de la ralentizada economía.

En círculos empresariales se valora el paquete de estímulo con la esperanza de que pueda revertir el decrecimiento de la economía. Sería muy ambicioso esperar que los efectos de estas medidas puedan compensar la merma de los ingresos del país por concepto de exportaciones, aunque sí podrían aliviar los ingresos fiscales. Al margen de lo externo, los estímulos económicos y fiscales son bastante esperanzadores.