Dengue con poca transparencia

La difusión de informaciones de crédito debe estar al servicio de la salud y vida de los ciudadanos mucho más cuando algunas enfermedades muestran incidencia epidémica con grado de amenaza acentuada sobre cuyos riesgos nadie debe estar ajeno en el país. No basta con saber, extraoficialmente incluso, que algunas salas de hospitales como el Robert Reid Cabral están congestionadas de pacientes infantiles con fiebres y síntomas de dengue, mal artero y de preocupante tendencia a la mortalidad contra el que no deben faltar medicamentos ni riguroso cumplimiento de protocolos para el manejo efectivo de casos ni carencia de recursos tecnológicos para la aplicación de tratamientos. El país no recibe detalles tranquilizadores ni de otra índole sobre lo que ocurre entre sombras hospitalarias porque la prensa tampoco los obtiene.

Los hospitales no deben estar enclaustrados, mediante prohibiciones que violen el libre acceso a la información como si contuvieran secretos de Estado. La nación en pleno debe tener conciencia de la magnitud y efectos del dengue a partir de síntomas que dejan pocas dudas sobre su relación con decesos, acontecer que debe ser difundido para reforzar la actitud alerta que debe asumir cada ciudadano para evitar contagios o sentirse muy motivado a acudir sin demoras a los auxilios médicos. Las confirmaciones tardías arrojadas por análisis de muestras no evitan lo peor.

Ojos que no ven lo que se come

Pro Consumidor ha puesto en primer plano la deplorable elaboración artesanal, rústica y en contacto con microbios del pan que abunda en sectores de consumo formados por familias de bajos recursos en asentamientos marginales que incluyen bolsones de pobreza paralelos a sectores de primera. La ausencia de condiciones de higiene para cocer, manipular y almacenar el alimento en dos panaderías que acaba de cerrar el organismo es muestra de una presencia mayor en el comercio de comestibles no aptos para el consumo. La inspectoría de Proconsumidor ha confirmado con esta acción excepcional y hasta donde permiten sus medios, la proliferación de derivados de harina que escapan a un Registro Nacional de Sanidad fiscalizador de establecimientos que dan de comer a un pueblo mal protegido todavía de ingestas peligrosas.