Denuncias peligrosas

El candidato presidencial del PRD a las elecciones del año próximo, Hipólito Mejía, ha expresado en varias ocasiones tanto su amenaza en denunciar nombres de funcionarios supuestamente corruptos, y su intención de propiciar conducirlos al banquillo de los acusados, de alzarse con el triunfo electoral.

Cuando un ciudadano común y corriente dispone de pruebas fehacientes de prevaricación de un funcionario gubernamental, lo correcto es que deposite su acusación en la Fiscalía, que es el organismo que tiene competencia en ese caso.

Acusar sin prueba, que es lo que condena, resulta peligroso e irresponsable además de punible, porque nadie está facultado a dañar la reputación ajena.

El asunto adquiere una importancia y trascendencia enorme, cuando la denuncia procede de un político, y muchos más, si es candidato oficial   de un partido para la Presidencia de la República.

El 18 del presente mes, Hipólito Mejía, con ese tremendismo verbal emotivo y poco reflexivo que le es tan   característico y tan poco convincente, advirtió que mencionará los supuestos funcionarios que han prevaricado en este gobierno.

Es posible que Hipólito Mejía ha recurrido a esta estrategia, percibiendo lo que algunos de sus “estrategas” de campaña le hayan sugerido, conociendo éstos, desde ya, la situación desventajosa para el candidato del PRD en el venidero certamen cívico.

Esa actitud también se refleja en la algazara que Hipólito Mejía ha orquestado en relación a rechazar al director de Cómputos de la Junta Central Electoral, cuando fue aceptado a unanimidad por los partidos políticos.

El 22 de junio, Hipólito precisó que su tema de campaña será denunciar la presunta corrupción de algunos funcionarios de este gobierno.

Las acusaciones temerarias guiadas por un excesivo protagonismo y un prematuro instinto derrotista, pueden acarrear sucesos lamentables e indeseables para Hipólito Mejía, que el país entiende debe preservarse y variar el centro de su campaña a esbozar un programa de gobierno creíble y positivo.