Deplorable radiografía

El Sistema de Seguridad Social, criticado por depender demasiado de los aportes de afiliados y empleadores sin dar todo lo que se espera de él, se muestra una vez más ante el ojo crítico de personalidades de la medicina y expertos en la materia como mecanismo defectuoso de nacimiento, incompleto en lo estructural y funcional y condicionado por objetivos mercantiles. Se aprecia que el poder de veto en decisiones tripartitas es ejercido mayormente por entes privados de la prestación de servicios, y casi siempre para restringirlos. Que como reemplazo del seguro social que representó el IDSS y sentó magro precedente, no ha proporcionado la respuesta que para el universo ciudadano debe darse a gran número de enfermedades.

Lejos todavía de colocar los auxilios médicos a total disposición de las categorías de afiliados inicialmente previstas por ser la Salud un derecho humano que debe estar protegido con minuciosidad por autoridades y normativas que pongan límites al afán de lucro, la Ley de Seguridad Social amerita una urgente reforma para que el país alcance mejores indicadores de salud y preservar al Sistema mismo del riesgo que proviene de los costos cada vez más elevados de la asistencia profesional y de los recursos técnicos imprescindibles para sanar y salvar vidas, mientras la captación básica de ingresos va quedando atrás por falta de actualización de las reglas que propician elusiones y evasiones.

El desvelo de los equivocados

Entre las ironías del país está carecer siempre de una ley sobre uso del agua para contrarrestar el descalabro hídrico que amenaza el futuro; mientras se ambiciona, casi a vida o muerte, estar en el poder. Evidentemente que en notables casos no se trata de querer autoridad para la atención a urgencias nacionales, incluyendo ambientales y sociales. Gobiernos van, gobiernos vienen (con más de un político en interés de quedarse por más tiempo de la cuenta en los mandos) sin que sean acometidas tareas que deberían ser inaplazables.
Engordar la nómina pública y disparar gastos no esenciales sufragados con un incontenible endeudamiento; ejercicios legislativos con los oficiantes que más caro cuestan a un fisco en el continente son muestras de que se “ama” al Estado por el Estado mismo, no para que funcione mejor.