Salir a las calles; la verdadera odisea

odisea

No es que diga que el poema épico griego, compuesto por 24 cantos, atribuido al poeta griego Homero. Y que narra las peripecias del héroe griego Odiseo (Ulises en latín) tras la Guerra de Troya, no lo sea. Sino que comparado con lo vivido en este país, las aventuras del siglo VIII a. C. se quedan cortas.

Basándome en la mera definición, una odisea es un viaje largo lleno de aventuras y dificultades o, el conjunto de dificultades que pasa una persona para conseguir un fin determinado. Es precisamente eso lo que a diario tiene que pasar un simple mortal residente en mi hermosa media isla en faenas tan cotidianas como su traslado al trabajo.

Lo primero es el incesante calor, sumado a las particulares expresiones de los chóferes públicos y motoristas, cuando se le niega la posibilidad de realizar una de sus fechorías; rebasar por el lado equivocado, comerse una luz roja o detenerse en cualquier intersección para montar un pasajero, o uno que otro vehículo que se queda por desperfecto mecánico o falta de combustible, en pleno puente u elevado.

Por más cerca que esté tu destino, debes salir por lo menos una hora y media antes, si quieres llegar a tiempo.

Esto sería relativamente aceptable, sino tuvieras que lidiar en cualquier semáforo con los pedigüeños, los vendedores de todo tipo de artículos (y cuando digo de todo, es de todo, desde pinchos “sujetadores de pelo”, pasando por tornillos para gafas, ¡Dios, que utilidad tan inútil! hasta forros de celulares), los limpiavidrios, que a pesar de su prohibición continúan ofreciendo su oficio, aun no lo quieras.

Todo lo anteriormente señalado se suma a los escombros y los agujeros de las calles, al final llegas sudado, cansado y quejándote por todo.

Por situaciones como estas, los dominicanos somos considerados sobrevientes, ya que sobrepasamos cualquier situación, pues nos reponemos de la odisea diaria de transitar en nuestras peculiares calles.