Desarrollo de las Comunidades Fronterizas

JOSÉ B. GAUTIER
Hablar del desarrollo de las comunidades fronterizas sin  criticar duramente el “establishment” político, económico y social de los últimos años o sin herir susceptibilidades locales o nacionales pasadas y presentes es como entrar en un  campo espinoso minado de guazábaras, cambrones, zarzas y cactus, como esas que crecen en aquel inhóspito medio ambiente,- y salir sin rasguños o arañazos.

¡Tarea imposible! ¡Es una zona tan sufrida, tan maltratada por la naturaleza y el hombre!…  Pero como el encanto de la belleza misteriosa de una flor de cactus o del vuelo de una bandada de flamencos; del cautivante perfume de su tierra yerma; del recelo sorpresivo de los caimanes y las iguanas; del majestuoso salto del chivo montes; del olor a carbonera recién abierta o de las impresionantes viviendas de tejamani de sus humildes pobladores,- la pobreza, el atraso, la miseria, el abandono, la sombra haitiana con su presencia abrumadora material y mental, la lejanía de Santo Domingo como eje de poder,- el tema es fascinante por sus múltiples vertientes e hipnotiza a cualquier forastero. ¡Es como vivir en un mundo aparte, desconocido por los habitantes del resto del país! Contrasta la resequedad de sus valles y montañas con el verde esplendor de la campiña cibaeña y la sabana oriental; con la tozudez de su escasa población ante las inclemencias.

Debemos repasar la historia para no cometer los mismos errores del pasado. Así como un atractivo panal de miel a las abejas, el gobierno debe trazar una política que atraiga a los dominicanos a  permanecer en toda la franja  fronteriza,- en campos y pueblos, en valles y montañas; que le garantice a sus pobladores vidas y  propiedades; educación y salud; que crea fuentes de trabajo y riquezas;  que los integre como ciudadanos comunes al resto del país con carreteras, fabricas, comercios, escuelas y hospitales. Política que los amarre al terruño, no que los induzca a desgaritarse del lugar como avispas molestas.

Una política gubernamental agresiva e inteligente de dominicanización fronteriza integral es vital para el desarrollo de las comunidades de la región. El gobierno, en esta política de reafirmación nacional, debe olvidarse de la existencia de Haití como vecino territorial.  Pensar y actuar en dominicano, protegiendo y ayudando solo  a los dominicanos. Ver a un lejano Haití como otro Puerto Rico o Cuba cualquiera, con controles migratorios y aduaneros bilaterales internacionalmente aceptados. Dejar a los haitianos  vivir como ellos quieran, con costumbres propias, con religión diferente, con gobierno característico, con sus propios conceptos e ideas de libertad y democracia, pero allá en Haití, sin intervención extranjera.  ¿Por que no le decimos a Fidel  como hacer elecciones presidenciales en Cuba y si pretendemos dar cátedras magistrales en Haití omitiendo, claro esta, los traumáticos vía crucis electorales sufridos por el pueblo dominicano con modificaciones constitucionales reeleccioncitas antojadizas? ¿Por qué resulta un asunto interno puertorriqueño llamarle Estado Libre Asociado y no Colonia Norteamericana, olvidándonos convenientemente del pensamiento independentista de Hostos? Recordemos que la nación haitiana no fue creada por Santos o Mártires Encomenderos y Esclavistas  penitentes ni por Evangelizadores arrepentidos de la Santa Inquisición sufrida durante la muy culta, avanzada y cristiana civilización europea del Siglo XVI.   Son  muy  pocos  países  en el mundo que pueden aconsejar a los haitianos sobre el significado de los derechos humanos, la libertad y la independencia.  Ellos la conquistaron a sangre y fuego, escribiendo  páginas históricas imborrables en momentos estelares de la humanidad, para recibir ahora consejos de algunos de sus discípulos americanos o verdugos europeos.

Los dominicanos deben  sincerizarse en este mundo globalizado y  dejar  de ser esclavos de sus mentiras aparentando lo que no  son, disfrazados como buenos y caritativos  samaritanos con los vecinos isleños, siendo en realidad unos grandes e  hipócritas explotadores de los trabajadores ilegales haitianos, beneficiándose y enriqueciéndose, su clase dominante, con el pago de salarios de hambre y de mísera, así como de la violación de las leyes de trabajo y de migración. Si se debe, en cambio, crear una barrera sicológica en cuanto al desarrollo fronterizo, no necesariamente física o material, que nos diferencie de Haití. Romper con esa dependencia territorial y regional de nacionales haitianos para existir.  No se debe hacer un “mangu” de nacionalidades e intereses económicos y sociales transfronterizos en el desarrollo de sus comunidades en suelo dominicano.  Esa ecuación, como en economía, no falla: la moneda mala desplaza a la buena. En esa mezcolanza, la parte dominante en toda la región fronteriza terminará siendo haitiana.

Sinceramente no le vemos la gracia a una política gubernamental que por ley se privilegie y se promueva el desarrollo de la zona fronteriza apoyado en la participación masiva de mano de obra haitiana radicada ilegalmente en territorio dominicano, como las instalaciones industriales y comerciales de todo género, especialmente de zona franca, turismo y agricultura.  Esa política lo que hace es entregarle el país,  sus fuentes de trabajo y de generación de riqueza, a los haitianos radicados en la zona o a invitarlos a venir, como Pedro por su casa, a ocupar el lugar, desplazando a los dominicanos.  La industria azucarera es un buen ejemplo de herida abierta que sangra profusamente dependencia extranjera en sus bateyes.

¿Por qué construir un paraíso terrenal integrado  por fabricas, escuelas, hospitales, hoteles, carreteras, sembradíos, en la franja fronteriza del lado dominicano; crear mercados de consumidores, repletos de haitianos transeúntes que entran indocumentados y con el tiempo se convierten en residentes, y hasta se les provee de Cedula de Identidad y Electoral? A la vez que se potencializa, con esa política de puertas abiertas para todos,- el tráfico ilegal de personas y mercancías de doble vía, con el agravante de convertirse el país en nido de víboras como refugio de políticos conspiradores y militares golpistas; contrabandistas y guerrilleros; burócratas corrompidos; falsificadores profesionales; traficantes de jornaleros drogas, armas, menores, pordioseros; estafadores;  secuestradores;  cuatreros; ladrones de conucos rayanos.