Desarrollo sostenible

LUIS ACOSTA MORETA
¿Cómo planificar en procura de alcanzar un verdadero desarrollo sostenible, en una sociedad como la nuestra, donde “recursos humanos, conocimientos y las fuentes de informaciones creíbles, no han sido valorados en su justa dimensión?

Las limitaciones económicas, en todos los órdenes, no nos permiten en muchas ocasiones ver más allá de la curva. El hecho de que el Estado como tal, actúa bajo el criterio del inmediatismo, pone en peligro la posibilidad de alcanzar un desarrollo sostenible, donde la gran mayoría perciba un cambio real en su vida.

Hay que buscar un nuevo paradigma que permita replantear el papel del Estado tanto con la sociedad como con el mercado, siempre en procura de alcanzar un mayor bienestar social. En la actualidad los Estados se han ordenado bajo los parámetros de nuevas corrientes económicas y que éstas nuevas corrientes han llevado al mundo a manejarse en una economía global, interdependiente, pero al mismo tiempo en medio de grandes incertidumbres.

Las fuerzas de los países desarrollados que sí poseen los grandes capitales, el conocimiento (científico y tecnológico) y las informaciones claras, precisas y concisas de lo que se mueve en todo el planeta, nos conduce a un gran reto, tanto para los países como el nuestro, como para los políticos que apostamos por ese desarrollo sostenible.

Obviamente la aptitud de los que sí creemos en el desarrollo, no debe ser la de simplemente lamentarnos, sino que debemos tomar el camino de preparar lo más posible nuestros recursos humanos, fortalecer y fomentar la búsqueda de nuevos conocimientos e informaciones. Si logramos trillar ese camino, podremos en unos cuantos años, alcanzar comenzar un desarrollo sostenible.

No podemos ponernos de espalda a los cambios estructurales que ha alcanzado la humanidad, sobretodo, los países desarrollados, en el orden de: a) Producción: las nuevas tecnologías han logrado un nuevo modo de organización industrial y comercial, descentralizado y “deslocalizado”; b) Del concepto de mercado físico y localizado: son las nuevas tecnologías las que han hecho posible esas grandes redes de intercambios de bienes y servicios, producto de la interconexión de mercados  y de los avances en las telecomunicaciones, la informática y la microelectrónica; c) De las estructuras y reglas de funcionamiento del mercado internacional: Actualmente las alianzas entre grandes corporaciones rebasan los anteriores “acuerdos de precios” (carteles), para establecer alianzas de co-inversiones (asociaciones y fusiones), proyectos tecnológicos, etc. Se transita así hacia un tipo de comercio adversario, de tal manera que la estructura de mercado, caracterizada como de competencia oligopolística en los sesenta, es cada vez más monopolística.

Ya la economía y el comercio del valor sustituyen a la economía y al comercio de volumen; el comercio de los servicios y bienes intangibles (conocimiento, software, franquicias, etc) crece de manera sostenida. Todo esto significa que nos encontramos ante grandes cambios estructurales, y que si no tenemos presente estos cambios, a la hora de planificar para alcanzar un desarrollo sostenible, sencillamente se gastarán grandes recursos económicos y logísticos, sin nunca poder llegar al fin.

Paradójicamente mientras las grandes naciones libran una guerra feroz por incursionar y controlar los distintos mercados, imponiendo incluso las reglas del juego, a través de legislaciones, nosotros luchamos por apaciguar el hambre que padecen una gran parte de nuestra población.

Ciertamente la tarea de comenzar acciones que sirvan de cimientas para empezar el despegue hacia un desarrollo sostenible es ardua. Existen problemas estructurales que no nos permiten arrancar. El problema de la energía eléctrica y el de la estabilización de la producción nacional, por solo mencionar esas dos áreas, son ejemplos del reto que tenemos por delante. Son los mismos problemas que durante décadas existen. Estamos urgidos a romper el cerco.