Desarrollo y medio

POR  ATAHUALPA SOÑÉ
El tema que se refiere a la influencia del medio físico-económico en el desarrollo de la personalidad, es por demás amplio y posee sus inter-relaciones con aspecto de orden socio cultural y religioso. En el presente enfoque he de limitarme a tocar brevemente rasgos generales entre la interdependencia, entre medio y sujeto en desarrollo.

El hombre necesita un porcentaje de comodidad material para avanzar con éxito en su crecimiento psicológico, aunque este porcentaje sea mínimo, pero lo necesita. Razón por la cual el desarrollo alcanza también dependencia del medio físico, social, cultural, religioso.

Al decir como “comodidad” no vamos a referirnos a la posesión de bienes superfluos, más bien nos referimos al logro de satisfacción de necesidades fundamentales tales como: alimentos, vestir, vivienda, salud, educación.

Contar con la posibilidad de este mínimo de comodidad en el medio material del individuo, permite con relativa seguridad afrontar al mundo, al tiempo de facilitarle una percepción con mayor objetividad y confianza el complejo de personas e instituciones que se le presentan.

La ausencia o carencia de estas necesidades nos permiten ver de manera más fácil, la importancia que reporta el medio físico sobre el desarrollo del individuo.

La deficiencia alimenticia, la estrechez y las condiciones anti-higiénicas de vivienda, la falta de privacidad y holgura, la promiscuidad barrial con escasas facilidades de expansión y recreo, la dependencia económica de situaciones o personajes caprichosos, la falta de calor humano y cohesión de hogar por estrechez económica; todos estos y muchas otras causas más conducen a establecer un clima de inseguridad en el sujeto que obstaculizan un desarrollo normal de su personalidad.

Dicha inseguridad afecta en mayor grado y proporción a los padres más que a los hijos, al tiempo de hacerlos irritables y hostiles a sus relaciones familiares, la irritabilidad busca y logra encontrar su expresión y desahogo muy a menudo en el castigo hacia el niño. Una expresión que se encuentra cargada de irritación y matizada por la violencia, por causas relativamente insignificantes, contribuye a desorientar al sujeto frente a la percepción de valores humanos y la formación de criterios.

En la escolaridad se manifiesta de manera dolorosa el influjo de esta penuria material, sobre el proceso de aprendizaje.

A un sujeto que no ha desayunado, ni almorzado, que no ha probado bocado alguno, no se le puede pedir, ni exigir atención e interés.

A una debilidad física se le ha de unir el sentimiento de inferioridad y resentimiento ante compañeros más afortunados.

La inseguridad que va manifestando a cada paso, una pobreza cultural que se va fácilmente transmitiendo de generación en generación, es la cultura de la pobreza.

Las víctimas de esta cultura, el niño o niña pobre, mal vestido, carente de servicio sanitario o agua en su casa, que no come en adecuación, difícilmente escapa a los complejos o elementos frustratorios que le impidan una realización a plenitud.

La aceptación de sí mismo y de los demás, por el sujeto, van a depender en gran parte de las facilidades materiales que existan en el medio ambiente en donde crece y se desarrolla el individuo.

El percibir las cosas en su justo valor, cooperar desinteresadamente por la comunidad, el disfrutar en la contemplación de las cosas bellas, en la búsqueda de verdad, ahondar en la búsqueda de la bondad, en el campo práctico, es algo harto difícil para aquel que creció en la frialdad nutritiva, que vivió en la tensión psicológica de un lugar exasperado por la estrechez y la irritabilidad que causan el hambre y la desesperación.

Es aquí donde la voluntad, el coraje de vivir, las motivaciones trascendentales han de entrar en juego, batallando de manera heroica para hacer que el desarrollo avance hacia la madurez humana.

Las conductas confrontativas poseen una importancia capital para el desarrollo del hombre.

Es a este tipo de personas a la que se refiere Frank cuando nos señala que tenemos que ir “más allá de la homeostasis y de la actualización del Yo”.