Describen condiciones residentes de Lusinda, en Cambita

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LLENNIS JIMÉNEZ  
LUSINDA, Cambita Garabito,San Cristóbal.-
 Parece que aquí no llega el cariño ni se escucha la voz de nadie. Son muchas las familias que a  las 5:00 de la tarde aún no consiguen qué comer. Duermen sobre  el suelo o en camas de madera que preparan con trozos  de palos y de bloques, al igual que las otras casas  levantadas con todo lo inservible que se encuentra en el vertedero más cercano.

Se trata de una comunidad de San Cristóbal sumida en una pobreza global, donde pequeños productores de rubros mayormente para el consumo  familiar, para llevar ahora  a la mesa un plátano o una yuca tienen que comprarlos. Pagan diez pesos por un plátano y 15 pesos por una libra de yuca.

El piso del 90 por ciento de las casuchas es de tierra, y las tormentas Noel y Olga derribaron el muro de contención del río Blanco, el que ahora tropieza con todos ellos cada vez que hace una crecida.

Casi todas las casas, como la de Rafaela Pacheco Pérez, la de su madre Pilar y la de sus tres hermanos, están parcialmente destruidas por las lluvias y los estragos del río. Cuenta que tiene una cama prestada porque el río se tragó la suya, lo mismo su estufa. Pacheco Pérez, quien no sabe leer ni escribir, al igual que su marido, dice que no tienen empleos para ganar el susteento con que criar a sus cinco hijos.

Se quejan de que las ayudas del gobierno se recibieron en Lusinda, de Cambita Garabito, y que les prometieron madera y zinc.

La joven mujer, que reside en una zona marginal donde no encuentra ni un lavado en casa de familia, afirma que casi todos sus vecinos comparten su miseria.

Aquí, quien no vive de la tierra debe ganarse el sustento de su familia como “chiripero” o del motoconcho. Sin embargo, rara vez alguien tiene recursos para pagar el inicial de una motocicleta. Ella exhibe a la puerta una oración de refugio: “Jehová peleará por nosotros”, pero la desgracia llega hasta  a sus hijos.

Las frases

Rafael Vega

En este sector y en muchos barrios de Cambita Garabito no ha llegado la ayuda del gobierno. El abono que se nos ofreció, los dirigentes del Partido de la Liberación Dominicana (PLD) se lo dieron a sus compañeros, quienes no tienen ni una mata de ají y luego lo venden”.

Azotados

Arsenio de la Cruz, vecino de Pacheco Pérez, afirma que los pequeños productores que fueron afectados por las tormentas de diciembre pasado, sobreviven gracias a la ayuda del síndico de Cambita Garabito, Luis Soto.

En el sector Lusinda habita una población de migrantes haitianos, los que también pasan hambre.

 De la Cruz dijo que más de 500 familias se encuentran devastadas y que está n a la espera de la madera y el zinc que les ofrecieron para reparar las viviendas a través del Instituto Nacional de la Vivienda (INVI). En cuanto al peligro que representa el río Blanco, precisó que quieren que el muro sea levantado en las tres partes que fue destruido por la tormenta Noel, para evitar que con la crecida sus casas sean arrastradas.

Sin servicios básicos

 El poblado Lusinda no tiene agua potable. Noel destruyó la toma del acueducto y la gente ahora se toma el agua sin tratar, pese a no ser apta para el consumo humano. Tampoco tiene calles. Adultos y niños caminan sobre  lodo.