Describen un portento de las ciencias médicas

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Un bebé de apenas doce onzas y de tamaño similar al de una botella pequeña de cerveza nació el 8 de diciembre pasado en Corazones Unidos y casi cuatro meses después pesa cuatro libras, lacta normalmente del seno materno y se desarrolla con normalidad, en lo que se considera un milagro divino, conducido de la mano de la ciencia médica.

James Marius es el producto de un embarazo de veintidós semanas de una mujer de 40 años, que tenía problemas para concebir. Por más de dos décadas había buscado la maternidad por todas las vías posibles. La criatura ni siquiera llegó a mitad del período de embarazo que normalmente es de 38 a 40 semanas.

Soraya Pina Campbell presentó complicaciones desde los primeros días del embarazo. Había logrado la concepción por el método in vitro en el Instituto de Reproducción Humana del South Miami Hospital, que dirige el doctor Jeurgen Eisermann, quien, a pesar de los vaticinios médicos negativos, logró desarrollar el bebé hasta su formación completa.

Hoy, cuatro meses después, James Marius, cuyo padre es el estadounidense Reid Campbell, es un niño con todos sus órganos desarrollándose con normalidad y sus movimientos se corresponden con los de una criatura de su edad y contextura, de acuerdo con los médicos.

El equipo de especialistas, con el doctor Luis Rivera a la cabeza, dijo que está asombrado. Y el personal paramédico, de enfermería y de apoyo de la clínica Corazones Unidos, ha asumido a James Marius como una creación divina sin explicación para el resto de los mortales y sólo entendible para la ciencia médica y sus avances tecnológicos.

James Marius, que tenía menos del 1% de posibilidades de sobrevivir, como otros muchos niños nacidos en Republica Dominicana con igual peso, requirió un tratamiento más complicado que el aplicado a un paciente adulto en terapia intensiva por infarto cardíaco o serios problemas renales o hepáticos.

“En el país nacen muchos niños de ese tamaño y casi el 100% muere. En América Latina, James es uno de los hitos de la medicina”, dijo el doctor Rivera, pediatra perinatólogo que se graduó en 1979 en los Estados Unidos.

James Marius tuvo unas 25 complicaciones al nacer, entre ellas paros respiratorio y cardíaco, obstrucciones intestinales y anemia, mientras se le hacían constantes transfusiones sanguíneas y se le tomaban muestras de sangre para monitorear su sistema inmunológico y condición general de salud.

La alimentación se describió como una hazaña ya que la leche era suministrada por gotas, mediante una sonda conectada al estómago con una bomba eléctrica.

Los medicamentos se le inyectaban en proporciones milimétricas a través de sus finas y débiles venas.

El misterio de la Providencia, la eminencia del doctor Rivera y el avanzado equipo de Corazones Unidos, según el director de este centro médico, doctor Luis Cuello Mainardi, se conjugaron para hacer posible que salvaran a James.

Los especialistas consideran que Corazones Unidos puede compararse hoy día con las mejores clínicas de su tipo en el mundo, porque sus equipos corresponden a la mejor tecnología, a niveles de los países más desarrollados como Estados Unidos, sin dejar de reconocer el valor de su personal médico y paramédico altamente calificado.

El doctor Cuello Mainardi, al referirse a Corazones Unidos como entidad privada y de beneficencia, sostiene que por el caso de James Marius y sus padres, la imagen de la clínica cambia y conmueve porque “nadie de la clase media puede pagar un caso de esta magnitud”.

Hay que tener en cuenta, por ejemplo, que uno de los medicamentos que diariamente hubo que suministrarle al bebé en los primeros 100 días, cuesta alrededor de US$600.

“Salvar la vida de mi hijo no tiene precio. No importa lo que haya costado, ni lo que nosotros hemos tenido que buscar, ni lo que cueste. Eso no tiene valor económico”, comentó la madre.

Pero a pesar de todos los esfuerzos médicos y la alta tecnología de la clínica, James no hubiera podido sobrevivir sin su propio empeño y el de su madre, explicaron los miembros del equipo médico.

El niño es un diminuto guerrero que está luchando, aún desde el vientre de su madre, una valiente, amorosa y persistente mujer que por 16 años llevaba en alma y cerebro la convicción de que algún día iba a ser “mamá costara lo que costara”.

Soraya y Reid se casaron en el año 2001, ambos en su segunda experiencia de matrimonio, luego que en la primera confrontaran problemas para procrear con respectivas parejas.

Por eso para iniciar el proceso de gestación, el 9 de octubre de 1987 fue en busca del doctor José Plácido Montero, un ginecólogo dominicano.

“Llegamos hasta el punto de hacerle varias inseminaciones artificiales, pero no hubo suerte alguna. Soraya no podía quedar embarazada. Había un conjunto de factores que no le permitían ni a ella ni a su esposo concebir”, comentó el doctor Montero.

Soraya Pina enfrentó toda clase de obstáculos, elementos externos consustanciales a su primer esposo y hasta los propios, como fibromas en su útero.

El doctor Montero expresó que agotó todos los procedimientos y recursos, mientras Soraya ponía tiempo y casi todas sus energías y la inconmensurable fe de que iba a ser madre a cualquier precio.

Entonces, por recomendación del doctor Montero, el doctor Eisermann, extrajo a Soraya los fibromas y tras dos intentos de fertilización in vitro el segundo cristalizó con la implantación, pero esto fue el inicio de un rosario de problemas.

La madre comenzó a padecer por su edad el síndrome de Hell, una enfermedad que altera las funciones del hígado, y preclancia, es decir una intoxicación del embarazo hacia la madre.

Esta patología llegó en uno de los momentos más difíciles para la paciente, la familia y el equipo médico, por lo cual se decidió extraerle el bebé aún cuando todos sus órganos estaban inmaduros.

Soraya, resistida y con el deseo de morir “mil veces” antes que su hijo, pensaba con fervor de madre que su criatura moriría si se la arrancaban del útero en esas condiciones, pero en realidad ocurrió todo lo contrario porque el equipo médico actuó a tiempo para evitar el fallecimiento de ambos, que sucedería si el niño se mantenía en el vientre.

Madre e hijo están vivos como un logro de la medicina dominicana, la fe y el amor por la vida, sobre todo de Soraya, su esposo y su “pequeño guerrero”.

El caso de James Marius será presentado esta noche en el programa televisivo La Vida Misma que se transmite por el canal 9.