Desde Colombia, dibujos y pinturas de  Botero

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Escultura, pintura o dibujo, una obra de Fernando Botero es inconfundible. Virtuoso del dibujo, refinado al extremo en su cromatismo y uso del color, pulcrísimo en el oficio sin importar cuáles sean los medios, no hay hoy en América Latina –y probablemente en el planeta– un  maestro de la plástica como él, inmediatamente identificable por los elementos de su creación.

Ese sello de la excelencia y esa originalidad causan un impacto tal que llegan a desconcertar. Los espectadores, en su mayoría, se sienten impresionados por la corpulencia de los personajes, por su carácter monumental, por su estética de la gordura, pero no saben qué pensar, y tal vez menos los críticos que han escrito tanto y no siempre tan atinadamente acerca de su obra.

Fernando Botero ha transfigurado una herencia plural,  indoamericana y precolombina, colonial y mestiza, clásica y europea,  en una modernidad singular. Ha sobredimensionado una multitud de personajes –infantes y adultos de uno y otro sexo, laicos y religiosos, civiles y militares– dentro de una especie de encanto adiposo de la burguesía y las castas, que se asemeja a una revancha pictórica. Por esa desproporción implacable y fascinante,  por esa envoltura física enorme, él comunica vicios, incongruencias y ridiculez, de lo individual a lo social.

Podemos sostener que el maestro Botero nunca dejó de ser un artista comprometido y audaz. Erigir la monumentalidad y lo rechoncho en normas para la plástica, lanzar una mirada burlona a todos los reinos de la naturaleza, alternar –cuando no mezclar– realidades y mitos, santos y demonios en la pintura, borrar a partir del volumen las fronteras entre segunda y tercera dimensión, significa un compromiso personal y permanente de más de medio siglo, sean cuales sean los modelos y las fuentes de inspiración.  Así cuando se apropia de pinturas de Velázquez, de Zurbarán, de Ingres y otros genios a quienes recrea genialmente, lleva esos modelos a un contexto cotidiano y familiar. El artista afirma: “Para mí lo importante es tomar un tema tan conocido que forma parte de la cultura popular y hacer algo diferente”.

Un dramatismo intenso. Como muchos artistas que suelen vivir fuera de su país, Fernando Botero siente a Colombia, a su gente, de manera particularmente intensa. Le duele cuánto padece el pueblo y cuando la violencia le golpea, él lo ha expresado repetidamente en su obra reciente: “En vista de la magnitud del drama que vive Colombia, llegó el momento en el que sentí la obligación moral de dejar un testimonio sobre un momento tan irracional de nuestra historia”.

La serie de “La violencia en Colombia”, que es parte de una muy generosa donación al Museo Nacional de Bogotá, proyecta, pues, el amor de Fernando Botero por su tierra, y cómo él sufre ante miedos, muertes, crímenes, torturas, mutilaciones, secuestros y otros males padecidos por mujeres, hombres y niños. Es excepcional que un creador plástico los haya puesto en evidencia con tanta crudeza, entregando talento y oficio para que la mirada del otro, de nosotros, se estremezca más allá del goce estético –que se borra aquí ante la congoja o el horror–.

Estas pinturas al óleo, estos dibujos de diferentes técnicas y materiales que pronto veremos en el Palacio de Bellas Artes bajo los  auspicios de la Secretaría de Cultura, despliegan un arte testimonial de una fuerza contundente y traducen la indignación de Fernando Botero. Ciertamente, cada obra sacude y provoca la reflexión: los problemas y los abusos, las agresiones y las acciones salvajes no golpean a una tierra y a un pueblo,  se hacen sentir en decenas de países. Fernando Botero pinta a nombre de toda la humanidad.

Exposiciones itinerantes

La directora del Museo Nacional de Colombia, doctora María Victoria de Robayo, expresa: “El hecho de circular esta muestra, no sólo en el ámbito nacional, sino también en otros países, nos permite compartir esta colección  conformada por seis acuarelas, treinta y seis dibujos y veinticinco óleos.  El conjunto se integra al programa de exposiciones itinerantes del Museo Nacional de Colombia”.

Fernando Botero

Es un pintor, escultor y dibujante colombiano nacido el 19 de abril de 1932 en Medellín (Antioquia).

Es considerado el artista vivo latinoamericano más cotizado actualmente en el mundo. Icono universal del arte, su extensa obra es reconocida por niños y adultos de todas partes por igual.

Para la historia del arte en Colombia, las obras más reconocidas de Botero son: “El atelier de Sánchez Cotán”,   “Cámera degli sposi I”   “Contrapunto”,  “En rojo y azul” o “Mandolina” (1957), “La apoteosis de Ramón Hoyos”, “Los obispos muertos” “Mujer con espejo” (1987) y  “La muerte de Pablo Escobar”

Datos sobre Botero obtenidos en Wikipedia.