Desde la ciudad del absurdo

Esa mañana cualquiera, sin deseo ni voluntad, porque la vida en esta ciudad nos deja exhausta y sin ánimo, solo pensaba en lo absurda que es esta ciudad de Santo Domingo. ¿Llena de absurdos? No, es ciudad del absurdo, es diferente. Si fuera por “antigua” no lo debiera ser, pues tiene los años de muchas ciudades europeas y esa longevidad, permanencia y memoria, les da una urbanidad e identidad propias de sus años.

Pero no, aquí donde nuestra “ciudad ovandina” ni nos invita al paseo, ni a la lectura, es bullosa, poca intelectual; absurdo es verla con hoyos, alambres, basura y sin vida, y más absurdo es haberle ubicado ahí un museo infantil, además cerca, del río y sus afluentes que pasaron de venas abiertas a ser cañadas de la capital.

Absurdo es ver cómo querían “colarle” una Isla Artificial frente a su malecón, como para disfrazarla de moderna, esconderla detrás las genialidades de un arquitecto español llamado Ricardo Boffill que de historia colonial no sabía nada y poco le importaba también, Absurdo fue la propesta de tumbar las murallas de Trujillo que fueron construidas para proteger la Fortaleza Ozama de un tsunami (tal como ocurrió en 1916) pero más absurdo es el proyecto Sans Soucí que flanquea la ciudad ovandina de un proyecto futurista, inmobiliario e impersonal.

Absurdo es no entender que somos “Primada”, que somos una tentativa de réplica de una visión y concepción de la ciudad medieval en el Nuevo Mundo, de un nuevo humanismo que se enfrentaba a la realidad de la dominación, de la sumisión de un Continente. Absurdo es querer hoy dotar de una envolutra a las Ruinas del primer Monasterio, del primer hospital y del primer acueducto del Nuevo Mundo.

Absurdo fuera no pensar en los tristes presagios que pesan sobre San Antón, Santa Bárbara y sus callejones. La modernidad se enfrenta a la memoria y a la Historia, la modernidad no quiere recordar el mercado de esclavos (calle La Negreta), las canteras y el primer barrio obrero de la zona colonial. Es absurdo la agresión, es absurdo también el silencio de las juntas de vecinos de la zona. Es vergonzosa.