DESDE LOS TEJADOS
Jesús de Nazaret, ¿un aguafiestas?

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En los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas, Jesús compara el Reino a un banquete de bodas. Hoy, Juan narra el primer milagro (signo) de Jesús en un banquete de bodas (Juan 2, 1 – 11). La historia es conocida: a unos novios, amigos de María, se les acabó el vino durante su fiesta de bodas en Caná de Galilea. María se lo cuenta a Jesús, y confía en que Jesús actuará. Ella ordena a los sirvientes: — Hagan lo que les diga–. Jesús pidió que llenaran de agua unas tinajas enormes y luego lo sirvieran. El encargado de la fiesta, acabará quejándose al novio: –todo el mundo pone primero vino bueno y cuando ya están bebidos, el peor: tú en cambio, has guardado el vino bueno hasta ahora–”.

A lo largo de la historia, muchas veces los cristianos hemos sido presentados como “aguafiestas” de la legítima alegría humana. Puede que algunos cristianos hayan dado pie para esa injusta generalización, pero ciertamente, Jesús de Nazaret  no fue ningún “aguafiestas”.  Hoy, la Iglesia lo proclama transformando el agua en vino para que una fiesta de bodas no se dañe. Es más, los evangelios recogieron esta acusación contra Jesús: es un “comilón y bebedor” (Lucas 7, 34).

En el Evangelio de hoy, Jesús aparece como el verdadero novio que trae a la fiesta de la vida, el mejor de los vinos, guardado hasta ese momento. En la relación de Jesús  con su comunidad, se cumple lo anunciado por Isaías (62, 1 – 5): “la alegría que encuentra el marido con su esposa, la encontrará Dios contigo.” Pero antes, ocurre una transformación: Dios le da un nombre nuevo a su pueblo, simbolizado por la ciudad de Jerusalén: “ya no te llamarán -Abandonada…te llamarán, Desposada”.

Se sabe que nuestro país necesita en abundancia un vino nuevo de justicia y salvación. ¿De dónde vendrá?  Ante nuestras ingentes necesidades, nos parecerá, que con nuestros trabajos, organizaciones, y luchas, andamos llenando de agua las tinajas, cuando lo que falta es vino. ¡Eso es lo que nos toca! Al novio le toca transformar el agua de nuestros trabajos en un vino nuevo. Llenemos las tinajas hasta el tope con el agua de nuestro esfuerzo. Convencidos de que ¡la fiesta de la justicia, va, y el vino nuevo, lo probaremos!