Desde los tejados
María, la madre del Señor

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Todos los que hemos caminado largas jornadas por la imponente Cordillera Central, sabemos lo que vale un signo. Después de varias horas, sin agua, trepando por esos trillos eternos, el excursionista novato recuerda lo que los guías dijeron en Mata Grande: — ¡cuidado con la bajada necia hacia el campamento de la Guácara!–  Por la tarde, a cada cien metros parte una bajada, ¡todas desesperantemente iguales! Y en eso, ¡un signo! Una flecha de ramos y piedras indicando la bajada correcta. ¡Ya estamos en la ruta cierta!

Para nosotros los cristianos, así es María: un signo que indica el camino correcto hacia el Señor.

En este último domingo antes de la Navidad, la Iglesia nos pone a contemplar a María para aprender las actitudes correctas a la hora de celebrar la Navidad. El Evangelio de hoy (Lucas 1, 39 – 45)  viene después del momento en que a María le anuncian: –tu hijo “llevará el título de Hijo del Altísimo”–.

María no se queda en su casa saboreando el anuncio o dando charlas.   “María se puso en camino y fue aprisa a la montaña” Iba a buscar a su prima Isabel, entrada en años y estéril, pero ahora encinta de seis meses. María fue a servirla con sus manos y su cariño y a compartir la alegría de participar en esa misma historia de salvación.

Como los signos preciosos, montaña adentro, María nos indica cuál es el camino de la verdadera celebración navideña en medio de tantos caminos errados.

Ahora en Navidad, no nos quedemos encerrados en nuestras actividades familiares, sociales y empresariales, crucemos hacia “las Isabeles,” la gente, comunidades y organizaciones necesitadas de amor y de ayuda. El que pueda compartir algo, que lo comparta y el que pueda servir, que sirva. ¿Hay algo más navideño que amar y servir?    Esta María, que camina de prisa, montaña arriba, va movida de una convicción: lo que Dios hace en la historia, pasa por lo pequeño y lo débil, a los ojos de los hombres. “Pero tú Belén de Efrata, pequeña entre las aldeas de Judá, de ti saldrá el jefe de Israel…se mostrará grande hasta los confines de la tierra.” (Miqueas 5, 1 – 4ª).

En esa María dichosa y solidaria, Isabel reconoce a la mejor especialista de la Navidad: “la madre de mi Señor”.