Desde los tejados
Navidad “piadosa”, Navidad mundana

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Para los cristianos es fundamental una vez a la semana reunirse en comunidad para escuchar la Palabra y participar a la mesa de la Eucaristía. Durante este tiempo de Adviento, la Iglesia nos anuncia una Navidad diferente de aquella que vende la sociedad. En la sociedad nos tocan una musiquita suave, todo el mundo habla de una paz y de una dulzura “rarosas” que flotan y no se posan sobre nuestra realidad. Muchos no mencionan el dinero, ni lo material, pero ¡intentan vendernos de todo!

La Palabra que proclama la Iglesia va por otro camino. Se diría que la Navidad de los negocios, tiendas y supermercados ¡es más “piadosa” que la anunciada por la Iglesia!  El mensaje del Evangelio de hoy (Lucas 3, 10 – 18) es tremendamente mundano, realista, práctico. Hoy escuchamos a Juan, el Bautista, predicar mentando el dinero, la comida y los abusos. Juan exhorta a todo el mundo: “el que tenga dos túnicas, que se las reparta con el  que no tiene; y el que tenga comida, haga lo mismo.” A los que cobraban impuestos: “no exijan más de lo establecido”. A los militares, “no extorsionen, no se aprovechen de nadie, conténtense con su paga.”

La Iglesia nos enseña que la verdadera Navidad se prepara compartiendo con los necesitados y siendo justos en todas nuestras relaciones.

Los cristianos no necesitamos esconder los problemas, las trampas y las limitaciones contra los que tenemos que luchar. ¡Todo lo contrario!  Los que nos preparamos a celebrar el nacimiento del Mesías estamos convencidos de que en Él encontraremos  la fuerza y la lucidez para seguir trabajando por un mundo más justo y humano.  Así lo anuncia Sofonías 3, 14 – 18): “el Señor es un guerrero que salva”.

Nos preparamos a rememorar el nacimiento de Aquél que vino, viene y vendrá con “Espíritu Santo” y fuego. La Escritura habla de fuego, porque el fuego purifica y nosotros mismos necesitamos ser purificados de tantas maldades.  En nuestra sociedad y en nuestros corazones hay mucha paja y poco trigo. Aquí el pueblo diría: “mucha espuma y poco chocolate.”

Viene el Mesías que bautiza con Espíritu Santo, una unción que nos mueve a “estar siempre alegres en el Señor,”  a dar gracias, vivir en paz y ser dueños de nuestros corazones y pensamientos (Filipenses 4, 4 -7).