Desde los tejados
¡Vigila! Él siempre anda inventando

Para mucha gente, la Navidad es algo que sacan de una caja hacia la mitad de noviembre.

El tiempo de Navidad se les ha reducido a otra rutina anual más, a lo sumo, un tiempo de nostalgias y recuerdos infantiles y familiares.

Con una nota se afina una orquesta de 150 músicos. Con esta pregunta, usted puede afinar su Navidad: ¿se trata de algo que usted fabrica o de algo que usted recibe?.

La Iglesia nos invita a participar en el tiempo de Adviento para afinarnos. En latín, “adventus” es llegada. Esa palabrita nos coloca en la perspectiva justa: no somos nosotros quienes  llegamos a la Navidad luego de vivir el año entero, es la Navidad la que llega a nosotros.

¡La Navidad es algo que se recibe! Podremos decir con verdad: “Un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado”  (Isaías 9, 5). Por poco que usted conozca a la humanidad, ya aprendió que mucha gente anda extraviada, con el corazón endurecido.  Somos la humanidad del éxito en la organización de los juegos olímpicos, y los terribles fracasos de las guerras, la corrupción y  el egoísmo asesino. No esperemos que nuestra arcilla cambie, pero aprendamos a ponernos de nuevo en las manos del Alfarero, el que hace “las maravillas que ni siquiera esperábamos” (Isaías 64, 2).

Durante el Adviento, aprendemos a esperar, cogidos de manos con Israel.

El Espíritu Santo, tanto hizo crecer la esperanza de Israel, que ese pueblo se atrevió a pedirle a Dios: “Ojalá rasgases el cielo y bajases, derritiendo los montes con tu presencia” (Isaías 63, 19 y 64, 1).

Durante el Adviento,  nos preparamos a celebrar que Dios respondió lealmente a esa esperanza que Él mismo suscitó, “bajando” y naciendo entre nosotros.

Por eso, el Adviento es un tiempo para identificar las esperanzas que el Señor hace nacer en nuestros corazones.

En Adviento aprendemos que “jamás oído oyó ni ojo vio un Dios, fuera de ti, que hiciera tanto por el  que espera en él”. (Isaías 64, 3).En 1ª  Corintios (1, 3-9), Pablo nos asegura que Dios es fiel. Adviento es un tiempo para atender y velar.  ¡Algo está inventando el Señor para llegar hasta nosotros!  Estemos atentos. ¡Viene el Señor! Que no nos encuentre dormidos, sino en vela (Marcos 13, 33 – 37).