Desde siempre

POR BONAPARTE GAUTREAUX PIÑEYRO
Hay amigos que uno conoce desde antes de tener uso de razón. Muchos de esos amigos se convierten en hermanos de afectos viejos que crecen y se renuevan constantemente. Son hermanos que uno escoge y la vida y el juego de los adioses y reencuentros permite cultivar. El patio de la casa de doña Angiolina y don Máximo daba a la otra calle. Era amplio, soleado y con todo el espacio para jugar, pero la doña era muy exigente: no dejaba entrar todos los niños a jugar con los suyos.

Aparte de sus hijos sólo recuerdo que jugáramos en ese patio los hermanos Paris Canuto y Carlos Clayton (Boris) Goico Jacobo y yo.

Allí aprendí una gran lección: hay que saber cuándo y cómo colocar el tizón en el trasero para que las cosas caminen como uno desea o hacia donde uno quiere.

Esa lección fue recibida por Maximito y por mí la primera vez que sacrificamos una hicotea: me tocó colocar el tizón en el rabo mientras Maximito cortó la cabeza del quelonio.

Era el tiempo en que Rosaná, quien cuidaba los predios de don Máximo, enterraba un locrio de pollo que preparaba con los debidos condimentos y lo enterraba, caliente, al son de conjuros que emitía para que el alimento fuera servido en la mesa de sus familiares en Haití.

Era el tiempo mágico de la niñez, que crea amistades, familiaridades, lazos indestructibles que permiten amontonar vida para que la muerte duela menos, como decía el poeta. Años después todos los días tocaba la puerta para preguntar si sabían algo de Maximito, cuya familia vivía entonces frente a la plaza en cuyo centro se yergue la estatua del patricio Juan Pablo Duarte.

Aquella mañana doña Angiolina me proporcionó una agradable sorpresa cuando Maximito fue la respuesta que asomó a la ventana: lo habían liberado, estaba preso por el complot de 1960 contra el tirano Trujillo.

Después, el exilio, no sin antes cumplir con una condición: Tutín se quedaba como rehén, en casa de don Octavio y su abuela, frente a la puerta sur de la catedral primada.

El tiempo pasa, pero los acontecimientos nos acercan más: la Guerra de Abril de 1965, el Grupo Seibo que compartíamos con don Antonio Beras, Pupo Morel, Alfredo Chahín, Mayía Beras y otros amigos.

Hay amistades que crecen, de parte y parte, permanentemente. No importa que no andemos juntos, no importa que no nos veamos todos los días. Uno siempre sabe que puede tocar esas puertas porque la respuesta será una sonrisa y un abrazo sincero.

No es difícil contar y recontar, lo verdaderamente difícil es expresar los sentimientos profundos, renovados permanentemente, de hermandad, de afinidad, de comprensión mutua del papel que cada quien juega en el escenario de la vida.

Freddy Rinaldo Beras Goico es uno de los ciudadanos dominicanos con cuya solidaridad han contado más dominicanos y por tanto merece todos los reconocimientos y consideraciones que una sociedad pueda ofrecer y conceder a una persona.

Hoy que está enfermo me limito a contar algunos acontecimientos de los que han abonado y regado el grueso tronco del árbol de nuestra amistad, camaradería, hermandad. Que Dios te bendiga, hermano, en esta hora de dificultades. Que el Señor devuelva multiplicada la felicidad y salud que has sabido buscar para los otros. Amén.