Desendeudamiento

O1

Nuestro sector público es de los más endeudados en la Región, nunca ha tenido un límite legal ni técnico. Inició la escalada en 2008, a un ritmo anual de 11.7%, en total US$15,538 millones, equivalentes a 14.4 puntos porcentuales del PIB, hasta 2016. La deuda acumulada respecto al PIB, está muy por encima de lo que se recomienda. Para saldarla, si los acreedores la exigieran con barcos de guerra mirándonos, como a Lilís, tendríamos que disponer de la mitad de lo que producimos en un año. Un imposible.
Se violó dos reglas de oro. La primera, la deuda creció a una velocidad que superó la economía nominal, con los intereses aumentando más que los ingresos fiscales, hasta el punto de que en la Región estamos entre los que menos recaudan en términos relativos, del gasto solo cubre 75%, el 25% restante se financia con préstamos.
La segunda, los préstamos se usaron, principalmente, para cubrir faltantes en las cuentas fiscales, lo que se aconseja es endeudarse para crear riqueza. Como no fue así, proyectando los ingresos corrientes sin cambios en el régimen fiscal, el resultado es que cada año se deberá reducir la inversión social, para cumplir con el servicio de la deuda como está pautado. Otro imposible.
Solo bajo dos condiciones es posible cumplir con la deuda. Uno, generando superávit primario en el tiempo, que sea suficiente para pagar los intereses. Pero la realidad es tozuda, nos dice que es inviable, el presupuesto no está en condiciones, y el ahorro de Punta Catalina y el Pacto Fiscal, como mucho llegará a 1.5% del PIB, menos de la mitad del monto anual de los intereses. Dos, que fallen pronósticos del FMI y expertos de episodios de inestabilidad, que endurecerán las condiciones para nuevos empréstitos. La crisis podría desatarla el aumento, al mismo tiempo, de los tipos de interés, del petróleo y la apreciación del dólar respecto a las demás monedas.
Sería la “tormenta perfecta” para nuestro presupuesto. Sucedió en 1982, comparando con 1979, duplicamos la deuda pública, el petróleo aumentó un 64%, los intereses, respecto a los ingresos corrientes, pasaron de 4.4% a 14.4%, y se desplomaron los precios de los productos de exportación, todo bajo recesión de la economía mundial.
En esta ocasión, lo recomendable es no depender de la buena suerte, adoptar medidas precautorias que nos alejen de la insolvencia y reestructuración de deuda, que pasaría una factura muy cara a la economía. Hay que contener y reducir la deuda, principalmente la externa.
Como política fiscal precautoria, el FMI recomendó la reforma fiscal integral, lo que comparto. Y agrego, estableciendo límites al endeudamiento, concentrada en las exenciones y en el Título I del Código Tributario, que habla de derechos, deberes y régimen de sanciones. No se toca desde 1992, a pesar de que la economía se multiplicó veinte veces. La reforma debe ser comparable con la de ese año, además, aprender de la historia. Balaguer la pospuso varias veces, espero hasta que explotó la crisis externa, y como se le trancó el juego, por decreto la puso en vigencia, después de hablar con empresarios y opositores. Ahora se cita como la más completa de las reformas tributarias del siglo XX.