Desesperado

La desesperación siempre ha sido  mala consejera, pero eso no lo sabe el que está desesperado; y si acaso llega alguna vez a saberlo, ya es demasiado tarde para enmendar cualquier  error cometido. Justo lo que acaba de ocurrirle al exjuez Francisco Arias Valera, bajo “arresto domiciliario” acusado de prevaricación y asociación de malhechores, quien en la mañana del pasado lunes solicitó asilo político en la Nunciatura Apostólica de Santo Domingo, desde donde acusó al presidente Danilo Medina y el presidente del Senado, Reinaldo Pared Pérez, de querer obligarlo a firmar un acuerdo con el Ministerio Público que involucre  al expresidente Leonel Fernández y el exprocurador Radhamés Jiménez en la red que se dedicaba a negociar sentencias judiciales en favor  de acusados de narcotráfico, lavado de activos y corrupción. Claro está, elexconsejero del Poder Judicial no tardó en darse cuenta de su despropósito, por lo que horas después cambió de parecer y decidió  regresar a su casa, no sin antes retractarse de su acusación al mandatario y Pared Pérez y echar mano a  la que le pareció la mejor de las  excusas para justificar la violación al “arresto domiciliario” que se le impuso en abril pasado: llamar la atención, a fin de que la Superintendencia de Bancos y el Banco de Reservas  cumplan una sentencia judicial  que ordena descongelar sus cuentas. La acusación de Arias Valera, no obstante su “desmentido”, alborotó el avispero  nacional y puso a trabajar al bien pagado bocinerío, que será también el que se ocupe de echarle tierra y olvido como a todo lo que huele mal en los gobiernos peledeístas. Y nada huele tan mal –vale la pena recordarlo ahora–  como el escándalo  en el que se involucra, junto a la también exjueza Awilda Reyes Beltré, al exconsejero del Poder Judicial, a quien la desesperación de sentirse como chivo expiatorio camino al matadero lo empujó  a cometer un error  que podría enviarlo a un lugar muy diferente a  su acogedor y relajado “arresto domiciliario”.