Desideratum de los votantes

WILFREDO MORA
Nos proponemos construir una teoría psicológica del elector, es decir, del votante. De sus deseos, de sus aspiraciones, y hasta de lo doloroso que resulta a veces todo este proceso electoral. En esta ocasión nos ocuparemos de construir un perfil del votante dominicano, lo cual no es difícil, y luego diremos el por qué.

Esta cuestión de quién vota que debió ser ya estudiada por el Colegio de Psicólogos de la República Dominicana, si la asumimos nosotros, ahora, por su importancia, ya que lo fundamental de un proceso electoral cualquiera, es para que los actores no se alejen de sus sagradas funciones del sufragio y de sus principios.

Estos principios merecen una mención para edificar al lector: Principio de la autenticidad del sufragio, de la autonomía (independencia económica, para impedir la injerencia), de la legalidad (hacer cumplir la ley), de certeza (que significa ser transparente y confiable), y el principio de la objetividad (que equivale a la interpretación desapasionada del certamen, con conocimiento de la ley), entre otros. El sufragio no puede continuar siendo una horrenda cicatriz dando lugar a deformaciones en el carácter psicosocial de la ciudadanía.

Para definir a nuestros votantes, es necesario preguntarnos cuáles características psicológicas manifiestan nuestros candidatos, pues existe una relación cercana, aunque a veces se puede observar un divorcio entre la razón y el corazón de unos y de otros. Nuestro votante depende, pues, del entorno político que crean los partidos que compiten a través de sus candidatos: clientelistas, corruptores de los votantes, tránsfugas, y sobre todo convirtiendo a los electores en seres emotivos, a quienes vemos elogiando o negando a los candidatos con ceguera, imitando su verbo y sus slogans con frivolidad. Este tipo de votante prefiere ser así hasta el último momento, y se muestra activo, incluso en los primeros acontecimientos desde el primer boletín. El clásico votante emotivo es un militante partidista: “Se muestra leal y agradecido en su fe política”.

Otro votante es el que permanece tranquilo realizando un ejercicio que le parece muy sano. Además de evaluar al gobierno, también lo hace a la oposición. Pero “todo vale”. A veces se abstiene, en caso de no poder votar por su partido. A veces obliga a su mujer, si está mal integrada o es indiferente a las elecciones. Se concentran entre el partido de gobierno y el mayor opositor. El votante dominicano, a medida que se acerca la Elección, se aviva en prácticas partidistas que le enardecen los ánimos (prebendas y bebidas alcohólicas en los bandereos) y además de no haber crecido para el debate, tampoco tiene mitos, y el que vota por la extrema derecha, mañana lo podemos ver en la centro-derecha. Algo que llama la atención es dar su voto cuando se trata de partido de izquierda. Y es lamentable; lo que sucede es que nuestro votante se decanta en conveniencias particulares, y no sabe de elegir a personas idóneas, sino colores de partidos. Signos como el optimismo, la competencia, expectativas a veces decepcionantes, el descrédito de los opositores, acusaciones sobre corrupción, es como se percibe a los seguidores políticos. ¿Cuál es la consecuencia de votar bajo estas influencias equivocadas? Pues, hay que educar más a los votantes, a quienes algunos se han referido por su incultura política. La causa es claramente estructural, los votantes nuestros son en su mayoría ignorantes, y también irracionales.Entre todas las democracias latinoamericanas, es una de la que más vende su voto por dinero. No se tiene una explicación el comportarse así, pero al ponderar su exigua cultura política, y su poca organización interna; esto ocurre como resultado de haber vivido en los errores de una política de saqueo y de democracia imperfecta.