Despedida retardada

31_10_2016 HOY_LUNES_311016_ ¡Vivir!2 C

Hace unos días compartí avión con un joven al que escuché expresar que tenía cuatro años sin visitar a su familia. Llegaba desde Europa; el receptor de su mensaje le manifestó su alegría.
–¡Qué feliz debes sentirte! Te deseo unas buenas vacaciones.
–No son vacaciones, tristemente fue un viaje inesperado, mi padre murió ayer.
No es la primera vez, ni será la última, que me encuentro con una situación similar. Las personas piensan que no pueden ir a ver a sus seres queridos, o descuidan la frecuencia de encuentros, y luego acontece un evento y hacen lo indecible por despedirse de un ser amado. Imagino que el padre de este joven hubiese preferido verlo y abrazarlo. Un día demasiado tarde llegaron sus extremidades superiores.
Quisiera no tener que despedirme de nadie; lamentablemente no creo que sea realista mi pensamiento. A uno que otro no podré ver con la frecuencia que quiero. Tampoco deseo que nadie se despida de mí en un momento que no pueda despedirme de él.
Para mí las despedidas no son cierres de puertas. Prefiero disfrutar en vida a quienes amo. Compartir y no hacerles más falta de lo necesario, demostrarles con hechos más que con palabras cuánto los quiero.
En muchas ocasiones nuestros seres queridos más entrados en experiencia solo quieren compartir, no desean sentirse abandonados. Tienen tiempo y necesitan del contacto a la manera antigua, esa que se hace estando presente, la que libera hormonas de las relaciones y de la felicidad. Hormonas que tienen hasta poder sanatorio cuando les permitimos transitar por nuestro sistema circulatorio.
Despedirnos en un muro de una red social tiene un efecto importante para nosotros mismos y quizá para los que lo leen (me quedan dudas aún si en el más allá se pueden leer los mensajes personalizados que les dejamos a los que ya partieron desde aquí).
Expresar cariño es para muchos bien cuesta arriba, principalmente a los del género masculino criados bajo la premisa de que se pierde la hombría si se demuestra una emoción. Quizá no se tiene que pasar por un mal momento para demostrar cariño a un ser querido, pienso que acompañar a quien queremos ya es un gran motivo de alegría y una enorme demostración de lo que sentimos. ¿Se atreve a desempolvar la lista de seres queridos y visitar alguno en los próximos días?