Destino de legionario

Federico  Henríquez Gratereaux

Un montón de dominicanos quisiera ver nuestro país mejor organizado en ciertas áreas fundamentales: la producción agrícola, los servicios de salud pública, la protección de los recursos naturales, las relaciones exteriores, la generación de energía eléctrica. Pero “desearlo” no es suficiente; es necesario “procurar” todos los días alguna gestión encaminada a avanzar un simple paso adelante en su realización. Todo es gradual: el crecimiento de los niños, los efectos de la educación, el levantamiento de un edificio. Es obvio que cada uno de estos asuntos entraña un trabajo de promoción publicitaria, de persuasión colectiva. Y, por supuesto, una acción esencialmente política.
Ese montón de dominicanos mira con horror la involución o degradación de nuestros partidos políticos. Y sufre por ello. Esa es la causa de su aparente parálisis, dejadez o incuria. Sabe bien que el mundo experimenta hoy un “descenso en la calidad de los líderes políticos”. Una buena parte de ellos no tiene el menor escrúpulo para aliarse con delincuentes, si estos les garantizan el financiamiento de sus campañas electorales. Vivir en una ciudad como Santo Domingo, llena de motocicletas sin placas, de desempleados al borde de la desesperación, exige valor y previsiones especiales. En primer lugar, tener armas: una “necesidad imperiosa” del hombre pacífico, pues los rateros son demasiados.
En segundo lugar, debes tener presente otra “necesidad imperiosa”: estar dispuesto a pelear por tus derechos, amenazados desde varios frentes importantes. Ese “hombre pacífico” está obligado a entrenarse para una guerra más que probable. Cualquier energúmeno que quiera escribir insultos y descalificaciones en las “redes sociales”, puede difamarte impunemente; un sujeto inconforme, resentido o irritado por hache o por erre, pueden enviarte un “sicario” para que te asuste o te mate. La protección de la policía “depende de la dependedura”, dicen en tono sarcástico los viejos jubilados.
El pasado jueves una asociación de estudiantes haitianos, radicada en Santiago, denunció la existencia de una banda dedicada a falsificar documentos para los haitianos; agregaron que entre los falsificadores hay empleados del consulado haitiano en Santiago. Aseguran que delincuentes haitianos, escapados de las cárceles, son principales beneficiarios de esos documentos falsos. A nuestros problemas internos se añaden otros problemas llegados “del exterior”… denunciados por los propios inmigrantes.