Destino de los tributos

PEDRO GIL ITURBIDES
            ¿Cómo devuelve un gobierno los dineros que recauda por impuestos, derechos, tasas y arbitrios –en el caso de los gobiernos locales? Los devuelve mediante la prestación de servicios diversos en áreas como la salud y la educación, y en inversiones de capital. Estas últimas pueden ser inversiones directas, como las que se llevan a cabo para la realización de infraestructura social y de servicios, e indirectas. Entre estas últimas figuran las diversas formas de apoyo a la producción por parte de sectores privados.

            Cuando se contempla la forma alegre en que se dispendia lo que ingresa al tesoro público, el contribuyente tiene derecho a preguntarse si la política pública está bien orientada. Administraciones como la actual, y más de una de las precedentes, han llegado a la conclusión que ese no es el destino formal de los fondos públicos. De manera que han buscado otros métodos para gastar lo que se paga por los diversos gravámenes establecidos.

            El preferido de la administración del Dr. Leonel Fernández es el gasto en las cuentas de personal y otros gastos no personales. Es decir, en las nóminas formales y en los gastos que, paralelos a esas nóminas, cumplen funciones de complementar el pago a los funcionarios del Estado Dominicano. Hace poco salió a relucir que el administrador de uno de los bancos comerciales de propiedad pública gana una suma mensual millonaria. Este puede exponerse como un ejemplo característico de la tendencia prevaleciente.

            Cuando se contemplan las nóminas del gobierno central y son conocidos los sueldos de otros funcionarios, puede advertirse la razón por la cual una obra de infraestructura tarda años en terminarse.

¡Se destina a la inversión lo que sobra del ingreso corriente y extraordinario, descontados subsidios, sueldos y servicio de la deuda!

            ¿Qué resulta de una política de gasto como ésta? Un virtual estancamiento del progreso. De ahí la sensación que domina a amplios sectores sociales, sobre todo a los de menores ingresos, o a los desposeídos. Para aminorar estas características paralizantes se han establecido programas sociales caritativos. Esos programas no revierten la parálisis, y constituyen mero lenitivo para quienes son directamente favorecidos. Pero, ¿qué porcentaje de los que sufren el estancamiento recibe en forma directa esa ayuda pública?

            ¿Puede un país ir adelante con un panorama tan poco propicio? Es evidente que la respuesta a esta interrogante es negativa. Por consiguiente el gobierno que surja de los comicios a celebrar en un mes, está abocado a modificar radicalmente la política de gasto público sostenida hasta el presente. Porque muchos contribuyentes aspiran a que cuanto pagan tenga mejor destino.